Aborto legal

Foro Social Mundial (Belém do Pará) – Enero de 2009

Entre el 27 de enero y el 1 de febrero, se realizó en el corazón de la Amazonia, el Foro Social Mundial (FSM). La cita en Belem do Pará, el portal de entrada a la Amazonia, la desembocadura del gran río.

Foro BrasilMarcar ese punto del globo no fue fortuito. Es que casi la quinta parte de la selva amazónica fue desforestada en cuatro décadas, cada año entre 11 y 27 mil km cuadrados de bosques son destruidos, los planes del capitalismo depredador en este lugar del planeta siguen sin control, la región es fundamental para la estabilidad climática y se anuncia un desplome ecológico en un período de 15 a 20 años, lo que acelerará el recalentamiento global. Motivos más que suficientes para hacer ebullir allí la babel de resistencias que bajo el slogan “otro mundo es posible” reunió a cientos de miles de personas.

Tres temas dominaron los debates: la situación ambiental, la crisis del capitalismo mundial y la guerra en Oriente Medio. El FSM condenó la prepotencia imperial y genocida de Israel y manifestó su apoyo al pueblo palestino. Y en el intento de superar otros FSM hubo definiciones para dejar de ser sólo un techo en el que tengan lugar un sinnúmero de discusiones, “hay que superar la puesta en circulación de experiencias” -dijo uno de los organizadores- “para arriesgarnos a articular acciones globales sin que haya un sujeto universal”.

Desde La Revuelta estuvimos presentes, invitadas por las compañeras de Pañuelos en Rebeldía y la Marcha Mundial de Mujeres, para ser parte de un seminario por ellas organizado durante el evento. Sobre el siguiente texto versó nuestra intervención.

De actuancias políticas feministas en el sur del sur: Desafíos y encrucijadas en el orden hetero-patriarcal-capitalista.

Ruth Zurbriggen [i] (Activista de la Colectiva Feminista “La Revuelta”
Neuquén Patagonia Argentina)

Trayectoria reciente en América Latina, así se nominó a este espacio de encuentro. La palabra trayectoria puede ser significada según el diccionario:

  • como una línea descripta en el espacio por un cuerpo que se mueve. Por una colectiva que se mueve, podemos aventurar nosotras;
  • como curso que, a lo largo del tiempo, sigue un grupo social.

Derrotero, curso, camino, itinerario, recorrido. Pero también, desplazamientos y fugas. Elegimos las fugas como una estrategia a seguir. La fuga es cuanto menos a dos voces, (…) las fugas se reúnen, se coordinan, se dispersan, se superponen. (Belausteguigoitia, M. 1999:14) y también se articulan y re articulan.

Vale detenernos también en el adjetivo: reciente. Nuevo, original, flamante pueden ser sinónimos. Esto nos obliga a colocarnos en un tiempo y espacio determinado. Digamos que para la historia social, nuestro movimiento revoltoso e inconveniente es apenas reciente. Aunque nos reconocemos en otras luchas y genealogías que lo posibilitan día a día.

Vamos a intentar en este escrito nombrar y conceptualizar nuestras prácticas aludiendo a nuestra trayectoria, y dentro de ella a los desplazamientos y fugas a los que esa trayectoria nos va desafiando. Desafíos que significan mutaciones en y para nosotras, en medio de las encrucijadas a las que nos somete el hetero-patriarcado-capitalista en su fase actual de destrucción feroz; desafíos que también implican pensar las articulaciones que, como lo plantea Celia Amorós, analizando la perspectiva de Donna Haraway, permiten “concebir coaliciones entre diversos sujetos políticos de forma flexible, funcional en relación con las necesidades de las luchas. Ninguno de estos sujetos tiene a priori título especial alguno para instituirse en algo así como grupo de vanguardia en base a presuntas características esenciales. (pág. 107). Asimismo, es importante profundizar el alcance político de la noción de “afinidad” que desarrolla Haraway.

Las Revueltas estamos insertas en un punto diminuto y candente de América Latina, como es Neuquén [ii] (ciudad de la Patagonia argentina). Emplazadas en una región caracterizada por movilizaciones y luchas, herederas de procesos y hechos históricos que han marcado y otorgado ciertas improntas a las resistencias locales; pero también somos deudoras de los aportes de los movimientos feministas que nos han propiciado herramientas teórico conceptuales para pensar la vida y el activismo que recreamos. Nos reconocemos especialmente en las trayectorias cartografiadas por el feminismo radical y socialista, con todo el mestizaje y la hibridez que hoy contiene y con los que hoy necesitamos revisitarlos.

Nos seduce la apuesta a pensar y a pensarnos a través del cuerpo, visitar nuestras localizaciones geopolíticas, situadas e interceptadas por múltiples condiciones (de clase, etnia, “raza”, edad, orientación sexual, identidad de género). La historia tatuada en el cuerpo, escribe Rosi Braidotti. Desde allí dibujar el mapa de las relaciones de poder de manera tal que podamos identificar e ir postulando posibles estrategias de resistencia.

La política es para nosotras el lugar para la manifestación de nuestro disenso. La política y lo político es una apuesta a la construcción de vidas dignas de ser vividas. La proclama de “lo personal es político” de las feministas del ’70, un tanto difusa en el horizonte actual, es en la continuidad de este sistema social que nos somete a la inferioridad cultural, la desvalorización social, la invisibilización de nuestra existencia y de nuestro trabajo, la mercantilización de nuestros cuerpos y la violencia que se ejerce sobre ellos, que encuentra plena vigencia en los tiempos que transitamos. Estamos convencidas que las opresiones, discriminaciones, exclusiones… se ejercen en y a través de las relaciones más íntimas, empezando por las relaciones con el propio cuerpo.

Para esto que anunciamos, voy a presentar tres “hitos” centrales de nuestro activismo, no tanto para describir lo realizado (eso puede quedar para relatos anecdóticos posteriores) sino para proponerles conversar sobre las teorizaciones que estamos compelidas a realizar (no sin dificultades) convencidas de que no hay prácticas feministas sin teoría y que no hay teoría feminista sin prácticas “militantes”. Y quizás más que teorizaciones llegue a proponer el punteo de algunos de los desafíos que avizoramos. Tres hitos:

  1. El surgimiento y la conformación de nuestra colectiva.
  2. Nuestra participación en la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito.
  3. Nuestro impulso por la conformación de la Red de Colectivas: Feministas Inconvenientes.

Salimos a la palestra pública como Colectiva Feminista un 8 de marzo de 2001. Siendo un trío de mujeres insatisfechas con otras organizaciones y con intuiciones personales y políticas que nos volvían sobre el cuestionamiento y la búsqueda por desmantelar la construcción patriarcal, androcéntrica y burguesa del mundo. Decepcionadas con ciertas prácticas políticas emancipatorias –del campo de las izquierdas- que niegan reconocimiento relevante a las problemáticas sociales y subjetivas de a las mujeres.

Fuimos instalando poco a poco y con acciones diversas “la agenda del feminismo” en la región. El activismo político-callejero y la producción de nuevos saberes que horaden las producciones de la academia androcéntrica fueron dos marcas de identidad, en tanto pedagogas y trabajadoras culturales.

Y a poco de andar, empezamos a sospechar del rumbo de nuestras propias prácticas feministas, incluso la celebración o conmemoración de las efemérides (según el caso) nos resultaban insuficientes. Cierto feminismo empezó a resultarnos ajeno, demasiado blanco, occidental, heterosexista, urbano, adulto, extraño a las diferencias, clase mediero, poco callejero…

Nuevas relaciones políticas, nuevas intuiciones y sospechas epistemológicas nos hicieron tomar distancias críticas con los marcos de referencia que empezaban a abrigarnos casi cómodamente.

Algunos interrogantes que pueden haber estado en la base de la tarea de emprender reconfiguraciones y redefinir nuestras prácticas y subjetividades políticas:

  • ¿En qué puntos los nuevos contornos que pretendíamos esbozar no se apartaban de las “marcas” de la cultura y las prácticas políticas de la modernidad?
  • ¿Qué otras homogeneizaciones universalistas nos atraparon y más tarde desbordaron?
  • ¿Cuánto del modelo victimista volvíamos a producir en y con nuestras prácticas discursivas sobre las mujeres?

Por allí transitamos, de allí quisimos y queremos fugarnos.

En el año 2005 decidimos sumarnos activamente a la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Campaña que bajo el slogan de “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir” supo aglutinar a casi 250 organizaciones sociales y políticas alrededor de un reclamo caro al movimiento feminista y que significa nada y más y nada menos que conquista de la libertad de nuestros cuerpos. Vale remarcar que la pelea por la legalidad del aborto en Argentina no empieza ni se reduce a esta Campaña. En todo caso la Campaña viene a tener el acierto de nuclear a organizaciones bajo una proclama que hace las veces de paraguas, con acciones comunes y federales.

Sigue vigente la proclama de que “El planeta no es nuestro y nuestros cuerpos tampoco” y esto especialmente en las latitudes latinoamericanas. La libertad de las mujeres comienza por la libertad de sus vientres, supo escribir Simone de Beauvoir, libertad negada en pleno siglo XXI a millones de mujeres.

Desde el momento en que decidimos y fuimos construyendo la estrategia de la campaña, lo hicimos convencidas de que necesitamos producir nuestras propias representaciones de la maternidad libremente elegida. Poner en circulación en el discurso público argumentos, experiencias, actos, que tuvieran la capacidad de producir nuevos alineamientos personales y políticos y nuevos imaginarios sobre una temática tan silenciada, pero a la vez tan presente en la vida y en las experiencias de las mujeres: Yo aborté, nosotras también es una de nuestras consignas estampada en un trapo violeta.

Le estamos poniendo cuerpo, pensamiento y acción a esta campaña (que continúa desde el 2005 hasta la actualidad), también inscribiendo de manera nueva los abortos en las historias de nuestras vidas y de las de aquellas que nos rodean. Algunas de las revueltas abortamos en nuestros propios cuerpos, otras abortamos en los cuerpos de otras mujeres cada vez que las acompañamos, escuchamos y “pasamos el dato”. El aborto insiste. El aborto aparece y reaparece. El aborto, pese a presentarse como prohibido está entre nosotras y entre la sociedad toda. Y muchas veces, dada su clandestinidad, está para cobrarse la vida de mujeres empobrecidas económicamente.

La campaña logró:

    1. Instalar un debate social y político hasta aquí muy silenciado en el país.
    2. Entre sus méritos está también el acompañamiento de “casos” de chicas violadas, a quienes se les niega el derecho que les asiste por el artículo 86 del Código Penal Argentino. Y aquí merece un paréntesis la paradoja que significa que cada vez más mujeres reclamen al Estado el cumplimiento de ese derecho, haciendo uso de su ciudadanía y dando cuenta de la politicidad que significa reconocer que en nuestro país existen causales de aborto legal (no punible) y un Estado que desata su furia patriarcal y conservadora contra sus demandantas, vía sectores de la corporación médica que judicializan el tema, jueces y juezas que lejos están del ejercicio de la justicia laica, la conformación de los comités de bioética junto con grupos fundamentalistas de la iglesia católica, se confabulan y re-articulan en lo que podemos definir como un movimiento contra los derechos de las mujeres. Más de una vez, lo que se pone sobre el tapete es el debate sobre la capacidad de incidencia y/o de resolución (vía la clandestinidad) de estos intentos de decisión sufrimientos. ¿Cómo se nos juega el deseo por extender los límites del ejercicio de la ciudadanía, en estas democracias insustantivas y la construcción de estrategias autónomas e independientes al estilo “Socorros Rosas”[iii] que generen los abortos necesarios en condiciones de higiene, seguridad y amorosidad?
    3. La construcción de un proyecto de ley propio presentado ante el Congreso de la Nación que espera ser debatido.
    4. Sostenerla por 4 años tampoco es poca cosa, aún con las diferencias en las formas de hacer política y en intereses de más largo alcance de los grupos que concentra en su seno, las formas organizativas hasta aquí diseñadas nos han permitido mantenerla en el tiempo.

En nuestra opinión, la campaña atraviesa cierto proceso de inflexión que necesita de re- composiciones para superar sus dificultades y hacer frente a los nuevos retos que se nos presentan. Y en este sentido recuperar una agenda política latinoamericana sobre el aborto resulta una urgencia. Esto en el convencimiento que existen procesos que provocan sus afecciones por fuera de los límites de las fronteras nacionales. La pelea por el aborto legal en Argentina necesariamente se ve afectada con el veto del monarca Tabaré Vázquez de Uruguay.

La necesaria cuota de audacia que debemos imprimirle al estado actual de esta pelea, por dentro y por fuera del feminismo, requiere de re-definiciones creativas y colectivas. Requiere de revisiones sobre muchas de las cooptaciones que las financiadoras han logrado, toda vez que la pelea por el aborto ha sucumbido –en gran medida- a la agenda más general de los llamados derechos sexuales y reproductivos.

Y la Campaña por el Aborto Legal, también tiene la virtud de haber sido un espacio de encuentros. Así diversos grupos y colectivas que fuimos encontrándonos en las prácticas y propuestas para dicha Campaña, fuimos sospechando de la importancia de agruparnos por fuera de los estrechos límites de nuestras provincias. Hace apenas dos años iniciamos el tránsito y la construcción de la Red Feministas Inconvenientes. Lo cual supuso y supone definiciones y delimitaciones políticas, que contienen puntos de afiliación entre experiencias producidas en geografías políticas y culturales un tanto diversas.

La Campaña se convierte en un acontecimiento que hace emerger otros posibles, abre un proceso imprevisible y arriesgado. En ella nos permitimos la puesta en cuestión de ciertas prácticas feministas y el desfondamiento de algunos de los sentidos hegemónicos. En esta trayectoria avizoramos otros desplazamientos, otras fugas… novedosas articulaciones.

Así, fugarnos de las fronteras provinciales que empezaban a ahogarnos fue otra de nuestras apuestas. Nos arriesgamos y ponemos energía creativa en la construcción de Feministas Inconvenientes para abrir otras puertas hacia nuevos procesos de aprendizajes, donde compartir saberes y experiencias principalmente desde el encuentro callejero de las prácticas que ponemos en acto. Feministas Inconvenientes nos posibilita acciones, debates y reflexiones sobre nuestros propios pensamientos.

Su conformación es incipiente, nos une la necesidad de generar transformaciones en las formas de estar siendo feministas, descreyendo constantemente, arriesgándonos a presentarnos alejadas las visiones mujeriles y esencialistas, provocando con nuestro insistente “somos malas podemos ser peores”. Ejerciendo así la guerrilla semiótica al apropiarnos del insulto, para devolverlo desde la resignificación y el empoderamiento. Figuramos la crítica como una interrogación de los términos por lo cual la vida misma es delimitada.

Vanidosamente quizás, buscamos transitar lo que Rosi Braidotti postula como nomadismo: “se refiere al tipo de conciencia crítica que se resiste a establecerse en los modos socialmente codificados de pensamiento y de conducta” (Braidotti, 2000: 31). Lo que concreta ese estado nómade es la subversión de las convenciones establecidas.

En la Manifiesta –escrita en febrero de 2007- postulamos que reconocemos que en los contextos actuales muchas de “nuestras luchas han posibilitado que se abran espacios para que las políticas públicas incluyan algunas demandas tradicionales del feminismo. Nos alegramos con cada paso que avanzamos, reconocemos en ellos la lucha realizada en algunos casos en condiciones de enorme soledad, por las pioneras del feminismo, y nos afirmamos en ellas para ampliar y profundizar nuestra plataforma de lucha que no se resume en una “agenda de derechos”, sino que aspira a cambiar la vida. Somos orgullosamente feministas. Somos feministas inconvenientes. No nos conformamos con lo que en cada tiempo nos indican como el cambio posible. No nos conformamos con disputar un espacio limitado entre las incluidas e incluidos del sistema. Queremos transformar el sistema”

Como feministas nos ubicamos en los contextos globales del heteropatriarcado capitalista, racialmente estructurado, inmerso en relaciones de dominación que producen y reproducen nuevas colonizaciones. En un mundo de patriotismos, nacionalismos y fundamentalismos exacerbados todo se convierte en muy difícil para las mujeres y otros colectivos minorizados.

Y desde esta generalidad, también pensamos en las complejas intersecciones constitutivas de relaciones amplias de subordinación y opresión a las que se enfrentan y nos enfrentamos mujeres concretas en el día a día. Que responden a cuestiones relacionadas no ya con el género sino con los géneros y las clases sociales, pero también a otros engranajes de una maquinaria que diseña y promueve constantemente desigualdades de diversa índole. Vivimos en un sistema que descarta vidas, que ilegaliza existencias, que depreda ferozmente el planeta mismo. Nos topamos con estadísticas escalofriantes, vidas y muertes concretas, feminicidios, desaparecidas, cuerpos de millones de mujeres, adultas, y jóvenas, siguen maniatados al control estatal y de los fundamentalismos religiosos al no contar el derecho al aborto; miles de jóvenas y niñas siguen aspirando a modelos de belleza vendibles para saciar deseos masculinos; todavía hay países donde las mujeres viajan en los baúles de los autos; el maltrato y la discriminación matan más que el terrorismo; las violaciones, las desplazadas, las secuestradas y prostituidas; las que intentan sobrevivir con un dólar por día; las lesbianas y bisexuales imposibilitadas las más de las veces de visibilizarnos para no perder los trabajos; las personas travetis y trans sometidas a exclusiones múltiples; las mujeres ganando menos que los varones por el mismo trabajo; la falta de viviendas y servicios básicos como el agua; la precarización de las vidas es mucho más que un síntoma en los tiempos que corren donde los derechos sociales se han convertido en responsabilidades individuales. Y más aún, en temas de placeres, cuerpos, sexualidades hay apropiaciones que no tienen límites, mujeres que mueren sin saber que tienen clítoris.

Y vemos también a muchas mujeres ejerciendo los modelos patriarcales más horribles. No nos complace hablar de la situación de las mujeres, sin hacer ciertos cruces en relación a otras desigualdades impuestas en razón de clase, edad, etnia, deseos, orientaciones sexuales, etc.

Y si seguimos con la lista: vislumbramos todavía muchas trabas subjetivas para dejar de pensarnos en relación con los varones, para lograr que la masculinidad y sus parámetros no sea la vara con la que medirnos. La lista no se agota, pero a la vez es evidente que porfiadamente muchas/xs seguimos intentando cambios, luchando, resistiendo y hemos alcanzado importantes derechos y reconocimientos impensables hace apenas unas décadas, a fuerza de pelearlos sin duda, pero significan otros posibles para nuestras vidas concretas. Y si bien suena a poco, también contamos con herramientas legales; aunque la letra de las leyes en este sistema, seguirá siendo letra (y muerta) mientras las mujeres no alcancemos y nos propiciemos otras subjetividades, otras autonomías e independencias para lograr ciudadanías plenas.

Algunos desafíos que nos estamos delineando para nosotras mismas:

  1. Hacer el esfuerzo teórico que nos permita traspasar la inercia y la nostalgia de cierto sedimentarismo para atrevernos a un pensamiento no cosificado, ni dicotómico; un pensamiento que se sacuda los viejos aunque persistentes hábitos de representar las diferencias como un dis-valor.
  2. Aprender a movemos en el sinuoso terreno que significa la tensión de –por un lado- exigir a este estado capitalista, proxeneta, violento, androcéntrico, racista, heteronormativo, colonialista, nacionalista, políticas públicas que buscan cambiar y modificar las vidas y los sufrimientos concretos del ahora. Sin dejar de apostar -por otro lado- a acciones que nos permitan asomarnos a experiencias novedosas, creativas y transgresoras, que nos posibiliten saltos conceptuales formulando preguntas más que respuestas, sabedoras que la destrucción del hetero-patriarcado capitalista es una urgencia a la que no podemos rehuir si apostamos a dinamitar todas y cada una de las jerarquías existentes. Salirnos del acotado deseo que significa apenas corregir defectos del sistema, para procurarnos cambios radicales.
  3. Reapropiarnos del axioma contestatario que proclama: “Donde hay poder, hay resistencia”. Pensar la política y lo político como actos irreverentes, el sentido político de nuestras vidas está allí, en la encarnadura de nuestros cuerpos sexuados y generificados, en nuestras pieles, deseos, placeres, rebeldías, sufrimientos, emociones y subjetividades; de allí que haya que ponerlos constantemente en la esfera de las preguntas y respuestas. Pensando en el poder del heteropatriarcado capitalista, no hay dudas de que vivimos en tiempos de destrucción y avasallamientos. Sin embargo, entendido el poder como una trama de relaciones, como algo móvil, sin fijeza, distribuido en redes que se difuminan, las reflexiones sobre la situación de las mujeres también nos lleva a poner en historicidad lo que podemos, lo que deseamos, lo que hemos podido y queremos seguir pudiendo, en lo que imaginamos para transitar la vida. En lo atrevidas, en la bienvenida inconveniencia de nuestras prácticas políticas que nos conducen a intransigencias semánticas para las intrincadas esferas de nuestras vidas privadas y públicas.
  4. Redefinir y articular algunas agendas globales críticas que nos sugieran formas de articulaciones eficaces contra lo que hemos dado en llamar la “revancha de los machos”[iv] y la persistencia y el acrecentamiento de las desigualdades sociales, políticas y económicas para las mujeres. Los análisis muestran que el nuevo signo de la crisis económica mundial para el 2009 avecina mayores riesgos y vulnerabilidades para la clase de las mujeres.
  5. Generar intercambios discursivos y críticos, que se propongan re-visitar algunas conceptualizaciones, renovar los lenguajes y los debates que tienen lugar en la esfera pública. Por ejemplo cuando nos referimos a: “violencias de género”. Sospechamos que en tanto la categoría género ha quedado muchas veces reducida a su carácter descriptivo, vale recuperar formulaciones que pongan el acento en las relaciones de poder existentes. De allí que consideramos más apropiados términos tales como: “violencias patriarcales[v].
  6. Estamos siendo feministas partícipes de otros movimientos y luchas sociales. Y no por considerar que apoyamos a esos movimientos en sus luchas, sino porque estamos inmersas en ellas. Nuestra vida es parte de ellas. Estamos desafiadas a que el feminismo (o mejor la cuestión “de las mujeres”) deje de ser allí una práctica subsidiaria, no estamos en esos movimientos para ser el cotillón de lo políticamente correcto.

Resulta un desafío pensar nuestras ubicaciones en estos espacios. Y cómo nuestras propuestas se engarzan en esas agendas de reclamos. Si la heteronormatividad, está fungiendo en el contrato social mismo, como tan lúcidamente lo planteó Monique Wittig; entonces normaliza los géneros y las sexualidades, pero también las resistencias y el acontecer económico, político, social, cultural. Las instituciones y prácticas político-culturales -incluso las contestarias- se hallan heteronormativizados, así las colectivas feministas solemos estar presas de exigencias, por parte de grupos de militancia política con quienes en principio estamos “del mismo lado”. Digamos que la cultura política de oposición también tiene sus reglas heteropatriarcales; en este sentido, se nos demanda un plus en nuestras actuaciones y posicionamientos, diríamos un plus de resistencia (una plusvalía al activismo feministas) que hace que tengamos que estar en todos lados y en todo momento (aunque la regla no se cumple para las luchas que nosotras encabezamos), a cambio de no ser consideradas fragmentadoras, separatistas, rompedoras, desclasadas… Es importante aclarar que estas reglas implícitas también nosotras como mujeres y activistas las llevamos bajo la piel.

Si pensar es una máquina de guerra, como sugiere Deleuze. O como sugiere Rosi Braidotti, significa “vivir en un grado más elevado, a una velocidad más acelerada y de un modo multidireccional”. Nuestra apuesta ética y vital nos indica que nada nos exime de la tarea de pensar.

La querida compañera inconveniente Liliana Daunes, escribe: “Nuestras palabras son la amenaza de que las cosas pueden cambiar”, nosotras agregamos que también lo son nuestros pensamientos y nuestras actuancias políticas para cambiar este inmundo, belicoso, genocida y violento estado de cosas.

Para proponernos un itinerario que nos permita desentrañar los complejos sistemas de dominación.

Para que todo lo que tiene de intolerable esta época de capitalismo globalizado, hetero-patriarcal y misógino nos permita nuevos modos de sensibilidad y deseo capaces de imaginar otros mundos posibles.

[i] Este escrito recoge diálogos con otras compañeras de La Revuelta. Lejos está de constituir una producción individual.
[ii] Neuquén se ha caracterizado por ser una provincia con una tradición de importantes huelgas y luchas de diversa índole. Enfrentamientos a planes y políticas neoliberales, especialmente de sectores ligados al Estado provincial, en particular docentes y de salud pública. Bautizada como la capital de los derechos humanos por las manifestaciones post-dictadura en este terreno junto con el cobijo que el obispo Jaime De Nevares dio a militantes perseguidos durante el gobierno dictatorial, además de propiciar la conformación de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos). Sectores de pueblos originarios nucleados en la COM (Coordinadora de Organizaciones Mapuches) mantienen fuertes litigios contra empresas petroleras. Un movimiento estudiantil organizado. El funcionamiento bajo control obrero de una fábrica de cerámicos, que ya lleva 6 años de producción con más de 450 puestos de trabajo. Además ha sido pionera, a nivel país, en la sanción de leyes referidas a violencia familiar, derechos sexuales y reproductivos, derechos de la niñez y adolescencia. Alberga un número importante de mujeres lesbianas de otras provincias, que durante años han venido en busca de trabajo pero también buscando un sitio donde vivir su lesbianismo lejos de las familias de origen. Desde sindicatos como ATEN (Asociación de Trabajadoras/es de la Educación de Neuquén) generamos núcleos de extraordinaria resistencia posibilitadores de serios obstáculos y barreras para los gobiernos de turno. Con mayor o menor éxito, según las circunstancias, fuimos generando una contra-cultura a la resignación. En este marco es que puede entenderse el despliegue de la brutal represión del por entonces gobernador Jorge Sobisch (representante de la derecha conservadora y menemista) contra docentes, que se cobrara la vida del docente Carlos Fuentealba, el 4 de abril de 2007.
[iii] Referimos a la experiencia de mujeres en Italia. Grupos de mujeres feministas organizaron coordinadamente un “Soccorso Rosa” (Socorro Rosa), una forma de asistencia mutua en la que, dos o tres veces por semana, las mujeres que deseaban realizarse un aborto podían reunirse en la oficina o en el sótano de un grupo feminista, donde recibían ayuda. Se pusieron en práctica varios métodos, un médico del Partido Radical, el Dr. Crociani realizaba abortos a bajo costo utilizando el método de aspiración con anestesia local. Cuando fue arrestado, en enero de 1975, junto con dos líderes del Partido Radical, las feministas de Roma comenzaron a organizar grupos especiales clandestinos, que realizaban abortos con el método Karman en casas particulares. Algunas médicas feministas viajaron a Inglaterra y a los Estados Unidos a capacitarse en ese método. Se guardaba el equipo en diferentes casas y los grupos se reunían en lugares distintos cada vez. Al organizar los abortos de este modo, las feministas querían demostrar su solidaridad con las mujeres que deseaban realizarse un aborto privado, pero no con personas sin capacitación que operaban en la mesa de la cocina en los distritos más pobres, o teniendo que pagar altos precios. Los abortos eran realizados en forma colectiva, con la participación consciente de la paciente, en un ambiente distendido. También se organizaban viajes en charter a clínicas de Londres. “Socccorso Rosa” comenzó en Roma, pero el ejemplo fue imitado en otras ciudades.
[iv] Ciudad Juárez, informe feminicidios en Argentina 2008, las consecuencias de la guerra en Colombia.
[v] De todos modos el concepto de patriarcado necesita pensarse a la luz de sus configuraciones y efectos locales y universales.

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