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Charla-Debate: Usos seguros de misoprostol. Prácticas y experiencias





El 23 de noviembre de 2010, se realizó en el Aula Magna de la UNComahue la Charla debate: Usos seguros de misoprostol. Prácticas y experiencias. Organizada por La Revuelta, convocó especialmente a personal de salud pública, enfermeras, médicas y trabajadoras sociales. También hubo trabajadoras de la educación. Abrumadoramente público femenino, muchas jóvenes. Es claro, el aborto transcurre en los cuerpos de mujeres, sin embargo es un tema que debería involucrar a la sociedad toda.


Pasá la voz: 500 mil abortos anuales en Argentina. Yo aborto, ella aborta, muchas/os callan.
¡ Otras hablamos !


La apertura de la Charla-Debate estuvo a cargo de las organizadoras. A renglón seguido, expuso Marcela Pérez, quien dio cuenta de aspectos relacionados con la protocola de atención a mujeres, los procesos de formación de activistas de La Revuelta en este tema.


Gabriela Luchetti, jefa del servicio de Ginecología del Hospital Castro Rendón, puso a disposición nutrida información sobre el medicamento.


Para cerrar las exposiciones Andrea Macías, coordinadora del Área de Bioética de la Subsecretaria de Salud, dio cuenta de las principales normativas vigentes que amparan el derecho a recibir información por parte de usarios/as del sistema de salud.


A continuación presentamos el texto de apertura.


Decidir abortar, prácticas y experiencias…


Si bien al aborto está criminalizado jurídicamente, las feministas de la revuelta abortamos. Algunas abortaron en sus cuerpos, otras no.


Sin embargo todas abortamos cada vez que pasamos el dato, cada vez que damos una indicación a esas mujeres que semana a semana recurren a nosotras porque han decidido buscar la manera de agenciarse un aborto.


Sin ir más lejos ayer abortamos y hoy lo hicimos nuevamente...


Porque inscribimos estas prácticas de otras mujeres en nuestros propios cuerpos, porque volvemos político lo personal. Y entonces, ahí están Georgina de 20 años, con una beba de 11 meses, desocupada, cuyo único ingreso es la asignación universal por hijo…


Susana – 21 años – desocupada; Rosa – 32 años – desocupada – 3 hijos; Romina – 21 años – empleada; Lucía – 21 años – desocupada; Analía – 33 años – trabajadora de un jardín maternal – 3 hijos; Alejandra – 24 años – desocupada – 1 hija; Paula – 18 años – desocupada; Laura – 27 años – empleada – 2 hijas; Vanesa – 30 años – trabajadora social en el Estado; María Eugenia – 33 años – auxiliar de servicio – 3 hijos; Cinthia – 16 años; Ailín – 18 años – ambas estudiantes de nivel medio; Daniela – 27 años – estudiante de nivel terciario; Lorena – 30 años – 3 hijas; Betina – 35 años empleada administrativa – madre 4 hijas; Sonia – 19 años – desocupada – 1 hija de 4 meses; Alejandra – 21 años – estudiante; Otra joven de 21 años, no sabemos su nombre porque nos vino a ver el novio y no quiso darnos ese dato – Madre de una niña de un año; Catalina – 19 años – estudiante universitaria – desocupada; Roxana – 33 años – 3 hijas y 2 hijos varones – empleada en el estado; Cinthia – 24 años – madre de una niña y un niño – estudiante de nivel terciario; Valeria – 31 años – comerciante; Ailín – 19 años – estudiante universitaria; Andrea – 38 años – viuda – 2 hijos y 1 hija.


Lo que acaban de escuchar son apenas retazos, escuetas partecitas de historias singulares que se inscriben en ese dato que aparece en general sin rostro, sin existencia situada, sin contexto…


Ese dato de las estadísticas oficiales que dice que en este país abortan entre 460 mil y 600 mil mujeres al año.


Estos nombres, estas historias individuales se vuelven para nosotras colectivas. Todas ellas utilizaron misoprostol (medicamento cuyo nombre comercial es oxaprost).


Lo utilizaron siguiendo las indicaciones que les dimos en la plaza, en el bar, en el instituto, en el aula de la universidad, en la escalinata del monumento.


Seguimos el derrotero de sus abortos, a veces con angustia, otras con temor, con cierto dolor incluso, pero siempre siempre desde los saberes que hemos ido construyendo en estos años. Saberes que nos involucran y nos hacen poner en acto y reactualizar a cada momento el derecho a elegir libremente (o lo más libremente que podamos).


Saberes que reactualizan y re-inscriben también nuestras propias maternidades y sus circunstancias.


Saberes que nos hacen recuperar el deseo y el reclamo de libertad sobre nuestros vientres, porque de eso se trata principalmente… de la libertad sobre nuestros vientres.


Se trata de saber que la maternidad nos cambia la vida para siempre, por eso queremos que sea deseada, esperada, elegida. Por eso postulamos el derecho al aborto legal.


Se trata de saber que un embarazo forzoso en una violación a los derechos humanos de las humanas.


Cada vez que decimos Nosotras abortamos, estamos re-inscribiendo de manera renovada la acción de las 357 sinvergüenzas que en Francia cuando el aborto era ilegal se animaron a firmar un manifiesto público diciendo que habían abortado.


Acción que se repitió en numerosos países en el camino de la pelea por el aborto legal. Acción que en el año 1997 también tuvo su correlato en Argentina de la mano de una luchadora feminista, pionera en este tema: Dora Coledesky, fallecida el año pasado.


Estamos convencidas que el uso de misoprostol significa una verdadera revolución para las vidas de las mujeres. Es claro, no es de esas revoluciones que merecen las tapas de diarios, los canales de televisión, las redes electrónicas en sus diversas manifestaciones. Una revolución que es posible que no sea enseñada nunca en las aulas de nuestras instituciones educativas…


Sin embargo, silenciosa y persistente se instala en nuestras subjetividades para venir a decirnos que decidir sobre nuestros cuerpos es posible.


Sobre todo que decidir abortar sin arriesgar la vida, sin que la muerte aceche, es posible. El uso de misoprostol nos empodera y apodera a las mujeres.


Nos otorga la posibilidad de restituirnos el control sobre nuestros cuerpos para una práctica que la corporación médica nos expropió, pretendió y pretende impedir, ya sea porque nos niega el derecho personalísimo a decidir o porque se dedica al negociado del aborto clandestino en las clínicas privadas.


Desde La Colectiva Feminista La Revuelta sabemos que la justicia de una ley que legalice las prácticas de aborto cambiará la vida de las mujeres de este país.


Que significará un estiramiento de la democracia y la laicidad para toda la sociedad.


Por eso integramos y somos activas impulsoras desde sus inicios, allá por mayo de 2005, de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, Seguro y Gratuito.


Pero, también sabemos que no hay criminalización que impida esta práctica.


Que sea clandestino hace persistir –en nuestra opinión- una alta cuota de sufrimiento para muchas de las mujeres que abortan; pero sus rebeldías y las nuestras han hecho que lleguemos a este punto, este punto que es también este encuentro, esta charla debate, convocada públicamente y sin tapujos acerca de la temática a ser abordada.


Si hacemos memoria, si nos miramos apenas seis años atrás este hecho, como la existencia del libro que estamos ofreciendo (Cómo hacerse un Aborto con pastillas) o el folleto que volanteamos en las actividades callejeras, eran impensables.


Si hacemos memoria ciertos temores, dificultades y puntos de divergencias sobre la conveniencia o no de escribir un folleto dando información sobre cómo abortar también atravesó al interior de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito. No sirve de nada negarlo. Mínimo fueron dos años de debates intensos al interior de la misma en diversas reuniones nacionales para que esto fuera posible. Hacemos memoria y recordamos que lo iniciaron las compañeras del grupo las Histéricas, las Mufas y las Otras de la ciudad de Córdoba.


En cierta medida tuvimos que autorizarnos en el más profundo sentido de la palabra para que fuera posible su elaboración y difusión. Pero también tuvo que haber una sociedad que se animara a escuchar y a debatir sobre este tema, sin la presión de la culpabilización y el tono siempre punitivo y condenatorio.


Seguramente muchos profesionales de la salud conocían desde hace años su existencia y sus efectos, pero es el accionar de los grupos organizados el que puede poner en circulación de manera amplia esta información.


Indicamos el uso de misoprostol porque nos hermanamos especialmente con mujeres excluidas socialmente, empobrecidas económicamente y condenadas a abortar sin tregua en condiciones muchas veces inenarrables, ahora sin el riesgo de la muerte.


El uso de misoprostol es un desafío, en cierto modo valiente, para decidir, para no morir.


Desde este espacio estamos también instando a democratizar el “Yo aborté”, a que otras mujeres cuenten sus experiencias creando una serie de relatos cuyo valor testimonial nos aporten más argumentos para el debate sobre su necesaria y urgente legalización.


Escribió Tununa Mercado para el Seminario Internacional que realizamos desde la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto legal, seguro y gratuito en el mes de septiembre en el Senado de la Nación: “Nadie quiere el aborto, es el encabezado que surge espontáneamente para disminuir la incomodidad que produce la defensa del derecho al aborto. Si hubiera que ser absolutamente sinceras, habría que aceptar que nada se quiere tanto como el aborto. Cuando una mujer ha decidido no tener un hijo, no ser madre, no parir, no reproducir, y queda embarazada, lo que más quiere es abortar, y en esas circunstancias no hay nada que la amedrente. Quiere abortar cuanto antes, el tiempo conspira en contra de ese deseo y esa necesidad de no procrear, lo quiere hacer ya mismo. Lo que no quiere es morir, como no querría morir quien se somete a cualquier intervención de alto o bajo riesgo”.


Para finalizar, nos sumamos a las palabras de la antropóloga Rita Segato, quien en ese mismo seminario recordó que la oposición al aborto busca el control de las mujeres, no la protección de los niños o niñas: “El cuerpo de las mujeres es el último bastión de patrimonio territorial, el último reducto de dominación para Estados, iglesias y otras instituciones… No son razones doctrinales, ni teológicas ni morales, son razones de poder y de exhibición de poder…”.


Nosotras, sin dudas en otras circunstancias y por otros motivos también tenemos razones y exhibimos nuestro poder, cada vez que acompañamos a mujeres en sus prácticas de abortos. Lo hacemos desde nuestro servicio Socorro Rosa, imitando y reactualizando prácticas feministas de las italianas del ’70.


Somos desleales a las leyes que nos criminalizan, pero leales a nuestras libertades y a nuestros sueños; por eso también hablamos de los abortos que aún en la clandestinidad nos devuelven autonomías.


Neuquén, Patagonia Argentina – Noviembre de 2010



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