Después del fuego, resurgir: “Las redes comunitarias son las que nos siguen sosteniendo”

Por Camila Vautier.-

Tras los incendios, las brigadas que hasta hace unos días se organizaban para apagar el fuego, ahora se organizan en mingas para la reconstrucción. En esta nota, la historia de una vecina y artista que, desde la única estructura que se salvó en su chacra, planea cómo resurgir el bosque de las cenizas. 

Hace unos días que pasó el incendio en la Comarca Andina de Chubut. En los noticieros y diarios del país, donde ocupó un lugar central, ya casi no se habla del tema. Pero en el territorio, las redes comunitarias siguen activas. A los costados de la Ruta 40 que une El Hoyo y Epuyén, especialmente los fines de semana, puede verse movimiento: gente cargando motosierras, bajando árboles quemados, levantando nuevas estructuras. Son las mingas. Del quechua mink’a, es una tradición ancestral de los pueblos originarios andinos, donde las personas se juntan para llevar adelante un trabajo colectivo y solidario para un bien común.

Las brigadas que hasta hace unos días se organizaban para apagar el fuego, ahora lo hacen en mingas para la reconstrucción. 

“Nos encontramos en la urgencia de reconstruir los techos para todas estas familias antes del invierno”, expresaron desde Reconstruyendo Epuyén, una red de vecinos y vecinas unidas por los incendios que organizan jornadas de trabajo para brindar apoyo y cariño a las familias que lo necesitan. La familia de Rocío fue una de ellas. 

Rocío Recaño llegó a Bosque Gracias, como se llama su chacra en Epuyén, junto a su compañero Mariano y su hijo hace poco más de 10 años. “Migramos como pareja buscando una posibilidad de vivir una vida en armonía con la naturaleza, vivenciar que podés hacer tu casa, tus alimentos, tu ropa. Que podés hacer redes con otras personas”, relata. 

Ella es artista y soñaba con vivir en un lugar que tuviera río, frutales, un bosque vivo, un espacio donde el niño pudiera jugar. Cuando llegó a Bosque Gracias, poco a poco se fue construyendo ese sueño. Ubicada a las orillas del río Epuyén, en la entrada norte del pueblo, bajando apenas unos metros desde la Ruta 40, se abría paso la chacra. Un paisaje de selva valdiviana, un bosque de coihues antiguos, templado, frío y húmedo, donde a lo largo de una década construyeron su hogar, una huerta, caminos, tres casas y tres domos. 

“Antes de que se prenda fuego, estaba en su momento de esplendor. Habíamos logrado construir una casa para mi mamá y vivía también otra pareja de artistas”, cuenta Rocío. 

Salvo los domos, todas las otras viviendas se quemaron.

De la “casa madre”, como le llama Rocío a la casa central de la chacra, donde vivieron durante los primeros años y luego la transformaron en un estudio audiovisual para las residencias de artistas que viajaban hasta allí a experimentar con la fusión del arte, tecnología y naturaleza, sólo quedan escombros. Paredes quemadas. Una escalera que ya no lleva a ninguna parte. Y objetos ordenados a un costado, como lentes de cámaras y chips quemados.  

Los domos, que aún no estaban listos para ser habitados, se convirtieron en el único refugio verde, una semilla para resurgir de las cenizas. “Antes de que pase todo esto no eran funcionales como casa. No tenían agua, tanque, instalaciones, servicios. Este mes de crisis hizo que lo convirtamos en un hogar”, cuenta la vecina. 

Luego de 39 días, el incendio iniciado el 5 de enero en la zona de Puerto Patriada, El Hoyo, que se propagó rápidamente a Epuyén, fue declarado controlado. Según el último informe del Servicio Provincial del Manejo del Fuego de Chubut, arrasó con una superficie estimada de 30.677 hectáreas de arbustal, matorral, bosque implantado y bosque nativo. Además de la destrucción de, al menos, 47 viviendas. 

El fuego llegó a Bosque Gracias el 10 de enero. “Nosotros veníamos viéndolo. El primer día fue de alerta, no estaba cerca pero había recorrido una extensión tan grande en tan poco tiempo. El segundo día ya se veía en la ladera del Pirque. Alto. Al tercer día el fuego se asomaba por dos frentes”, relata Rocío. El fuego los tenía rodeados. “A las diez de la mañana mi compañero salió a comprar un acople para la manguera y vio un humito a la altura del Cerro Montura. El fuego agarró un pinar y en dos horas quemó el valle”. 

Los pájaros ya no cantan. La tierra se convirtió en ceniza y de los árboles sólo quedan ramas negras. Las hojas quemadas cambiaron su color, de verdes pasaron a doradas, como si un falso otoño hubiera caído sobre el bosque. 

Ahora es tiempo de repensar. “Volver a entender cómo acompañar el paisaje. ¿Qué va a necesitar ahora?”, se pregunta la artista. 

Desde que el fuego la obligó a irse de su casa, Rocío sueña con agua. Después de ese sueño, unió los pedazos de manguera quemada que quedaron de la huerta para crear una pequeña cascada sobre la tierra, donde al poco tiempo empezaron a rebrotar las pitras, uno de los árboles nativos del bosque patagónico.  

Las redes comunitarias fueron claves en estos incendios. “Sino fuera por ellas, estaríamos desvariando”, dice Rocío porque lo que viene después del fuego es duro. Y transitarlo en soledad lo es aún más.

Ahora los acompañan las mingas de Reconstruyendo Epuyén o las y los profes de la Escuela Técnica 7727 a la que asiste su hijo, que desde el primer día estuvieron cerca y hoy están ayudando a cerrar el techo de una de las viviendas. “Estas brigadas voluntarias salvaron los domos y hoy tenemos un lugar semilla para estar y  poder replantear el territorio desde acá”, apunta. 

Después de que pasó el fuego por su chacra, Rocío no se puede ir de ahí. Siente que debe quedarse. Mientras da una entrevista, piensa que no hay nadie en los domos, todo lo que le queda está ahí, no debería dejarlo solo, no puede. Desde ese “estar acá”, va empezar a reconstruirse. “Mis hijos van a volver en 15 días y yo quiero que vuelvan a sentirse en casa”, sostiene, convencida de que su cuerpo es uno solo con el territorio y se quedará a cuidarlo. “Hay un plan que sigue siendo en torno al cuidado del territorio, de toda esta red que hemos tejido y seguiremos tejiendo. Son esas redes las que permiten que hoy nos sigamos sosteniendo”. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *