Instalar mesas con materiales para defender el derecho a dar y recibir información sobre salud sexual, reproductiva y no reproductiva fue una de las actividades de La Revuelta de este año. Una posibilidad pedagógica para aportar a la educación sexual integral, para habilitar la escucha y la palabra con adolescentes.
Por Laura Rosso
Vilma tiene la convicción de que es necesario habitar las escuelas para que les adolescentes encuentren en ese espacio un refugio, “que puedan confiar y contar con nosotras”, dice. Se refiere al espacio que la colectiva feminista La Revuelta ocupó en algunas escuelas secundarias con materiales de salud sexual y reproductiva, gestión menstrual y métodos anticonceptivos. “Es necesario porque es urgente y porque es un derecho al que les adolescente deben tener acceso: el derecho a la información. Estar en las escuelas implica conocer realidades infinitas, romper con prejuicios, alentar a que se acerquen con dudas e inquietudes, y que puedan acceder a información segura para cuidarse y cuidar”.
Una apuesta para conspirar juntes, porque una mesa con materiales puede movilizar prejuicios, deseos, mitos, placeres, incertidumbres. Puede ser refugio para confiar y contar, como dice Vilma. Puede ser lugar de palabras no dichas, de miradas que entienden la timidez o los miedos y habiliten otros modos de lenguaje. Una mesa con materiales en el patio de una escuela hace vivir la ESI, y también historias y narrativas que irrumpen cuando hay disposición para la escucha.
Con esa misma amorosidad política, Vilma, Azu, Paz, Nati y Nadia disputaron los sentidos del presente. Porque así también se llena de sentido el activismo, que genera trama potente e insiste con las complicidades que ensanchan existencias. “Les alumnes se acercaban con curiosidad ante la posibilidad de ver en la mesa tampones o una copita menstrual”, cuenta Azu, y a esa curiosidad le seguían las recomendaciones de uso y de cuidado que brindaban Azu y Paz, a grupos de amigas. “Y algunas cuestiones se fueron desmitificando”, señalan. Entre las preguntas, también aparecían las risas: “¿No te queda adentro la copita?”, “¿Cuánto dura?”, “¿Todos los meses hay que comprar una?”.
Había quienes leían los folletos con timidez y luego se sumergían con sumo interés. “¿Cómo se coloca un preservativo?”, “¿Hay formas de ponerlo mal?” Azu y Paz fueron muy explícitas con las respuestas. Lo mismo que con las consultas sobre el implante subdérmico: “¿Hay riesgo de quedar embarazada”? Así, se habilitaron conversaciones. Algunas estudiantes llegaban de forma más relajada porque las conocían de marchas y activismo. Los calcos esparcidos en la mesa fueron un éxito, como el que decía “El odio mata”, que hubo que reponerlo muchas veces porque ya está pegado en carpetas y cuadernos. Se entregaron test de embarazo, “y en esos momentos las cabezas estaban más nebulosas”, se acuerda Azu. “Los guardaban rápido en el bolsillo y nosotras les entregábamos una tarjetita de La Revuelta para que independientemente del resultado puedan contactarnos. Nos causó gracia que a veces pedían el test junto con la tarjetita”.
Un grupo de varones quería preservativos pero ninguno se animaba a decirlo. “Nosotras tratamos de generar el espacio para que se sintieran cómodos hasta que uno de ellos dijo: “Es que corté con mi novia y la extraño un montón y no sé cómo hacer. Ahora somos amigos pero yo quiero ser su novio y me da vergüenza decírselo”. “Ese intercambio fue muy tierno, sus amigos lo estimularon para que hablara de lo que sentía”.
La mesa con materiales también llegó a escuelas de adultes: “Una abuela se acercó porque su nieta había menstruado y había revuelo en su familia”, recuerda Azu. Una situación que se había transformado en algo tenso y de mucha exigencia para la niña. La abuela les contó que no tenía las herramientas pero sabía que no estaba bien cómo lo estaban tomando. “Nunca había usado la palabra menstruación. Fue una charla muy importante para esa abuela, le aportó mucho”, señala Azu.
“En esta era donde hay acceso a la información en redes y Google, una cree que les pibis saben todo. Y la realidad no es tan así”, cuenta Vilma. Y comparte que una vez se acercó una adolescente a preguntar puntualmente cómo podía hacer para no quedar embarazada. “Y nos dijo que tenía novia”. Vilma le dijo que era imposible que eso sucediera “porque para que suceda un embarazo es necesario el espermatozoide (que sólo tienen los varones), que se une a un óvulo y se implanta en el útero”.
Cuando las veían llegar a la escuela festejaban con un “Vamoooo” y también les decían «Ustedes nos ayudan un montón”. En una oportunidad, una adolescente, se sentó al lado de Vilma y después de ofrecerle una manzana, le contó que a veces no iba a la escuela porque su hermano mayor le pegaba. “Llega borracho y me pega. Mi mamá no hace nada y me reta, me dice que no ve la hora de que me embarace y me vaya”. “No voy a tener hijos para arruinarme la vida como hiciste vos, que tenés un montón de pibes y no haces nada de tu vida”, fue la respuesta de la adolescente. “Yo voy a estudiar, voy a ir a la universidad”. Ese día Vilma le dio la información del Socorro Violeta (espacio de acompañamiento ante violencias machistas) y el número 148, línea de atención gratuita del estado provincial donde llamar por situaciones de violencia. Recuerda que salió triste de la escuela pero con la certeza de haber tendido un puente de confianza y escucha.
La recepción de las y los profes fue de mucho agradecimiento, llevaron materiales para las aulas, y una de ellas trabajó con sus alumnes el derecho a abortar. “Nos agradecieron por sostener la tarea de visitar la escuela y llevar información”, cuenta Vilma. Y Azu suma: “Había profes muy piolas. Una llevó a todo el curso entero para que hicieran preguntas sobre métodos anticonceptivos y menstruación. Otro profe hacía preguntas para que les alumnes siguieran interesades. Surgió mucho interés por la colectiva, el origen en 2001, y si cobramos por hacer lo que hacemos. Estuvo muy copado. Las auxiliares de servicio se acercaban y llevaban folletos, y el personal directivo también se acercó a debatir. Nos propusieron desde el área de ESI, teatro y música, armar una clase, así que, ¡en eso estamos!”
ESI, feminismos, instituciones educativas, escuchas, diálogos, persistencias, un combo más que necesario para los tiempos que corren.
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