La Revuelta: 25 años de ser refugio

Por Melina Fit.-

La Revuelta cumple 25 años de ser refugio, de ser un lugar seguro, de ser referencia, de dar sentidos, de ampliar los límites de lo posible, de llenar las paredes neuquinas de consignas ocurrentes y rebeldes, de visibilizar las violencias, de acompañar abortos, de politizar los abortos, de insistir y persistir.

“¿Qué sería de Neuquén sin La Revuelta?”, se anduvo preguntando Ruth en vísperas del aniversario. Lo primero que pienso es que sin dudas sería todo más aburrido. Imaginen las marchas sin el “Arroz con Leche Abortero”, sin el “Manolo, Manolete”, sin las performances de hogueras, escobas y pañuelos, sin la clásica “corrida feminista” ni los gritos desaforados por megáfono. También sería más desolador. No habría nadie detrás de un teléfono que te diga “te acompañamos” cuando una quiera abortar. Ginecólogos y odontólogos abusadores -entre tantos otros varones- quedarían sin escraches públicos, y algunos hasta sin condenas. No habría protocolos para denunciar violencias en la Universidad. Muchas nos sentiríamos más solas.

Si hay algo que La Revuelta le dio a Neuquén, es pedagogía feminista. Es ese hacer en la calle, que se transforma en saber, en sentido político, en trabajo académico. Ese análisis en los medios de comunicación que intenta explicar los femicidios, esa disponibilidad cuando una mujer denuncia que su pareja le pega, que no le pasa la cuota, que la viola. Esa incomodidad en la política, en la disputa de sentidos, en el cuestionar al patriarcado en todo: desde levantar la tapa del inodoro hasta las medidas sexistas del Poder Judicial.

La Revuelta incomoda, desde aquellas tres en 2001 con una bandera por el Aborto Legal, hasta todas, todes, que siguen marchando, juntándose en ronda para organizar acciones y fiestas, que traman planes para resistir la crueldad, que insisten en los cuidados, en defender el territorio contra los extractivismos, en tirar el patriarcado, que persisten a las grandes mareas y a pesar de las derechas ultrafascistas. 

“Alzar la voz y hablar con otras, refugiar a la que habla; estos actos de difundir la palabra construyen mundos. Aguar la fiesta es un proyecto constructor de mundos”, dice Sara Ahmed, en una definición que se acerca mucho a lo que La Revuelta es, a lo que hace, a las huellas que deja. 

Por otros 25 años más. Gracias por tanto andar compartido. 

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