Preguntas y certezas

Texto escrito a propósito del 8 de marzo, por la periodista Mónica Reynoso para el blog de Guillermo Berto «Fuera de expediente». Como otras veces, la pluma aguda de Reynoso no deja de emocionarnos, inquietarnos e instarnos a pensar más y más para seguir actuando…

Mónica Reynoso

8-de-marzoMantengo a diario discusiones con el feminismo. Pero de eso se trata, de navegar siempre por aguas inaugurales, de sacudir el árbol de la sabiduría: a veces caerán manzanas, a veces serpientes. No es verdad revelada, no es el Corán, no es la Biblia. Es una enorme y estimulante producción de acciones y pensamientos para mejorar la vida de las mujeres, oleadas de frescura para los derechos de la humanidad, teorías inacabadas, en ebullición perenne, que buscan explicar el mundo. Y hacerlo más habitable, aunque lo sueñe simplemente justo. Ni palabra sagrada ni teorías marmóreas: es cadencia, fantasía, deseo.

Desde que Guillermo me pidió que escribiera algo por el ocho de marzo me rondan más preguntas que certezas. Y pensé en abordar, por ejemplo, un escrito de gratitud por las mujeres artistas que he recibido (la lista sigue mi corta memoria), las que me dieron horas sensibles y felices: Lila Downs, Fiona Apple, Janis Joplin, Marisa Monte, Adriana Calcanhotto, Kristin Scott Thomas, Sofia Coppola, Katherine Mansfield, Idea Vilariño, Wislawa Szymborska, Hebe Uhart, Joyce Carol Oates… Son muchas más, seguro, y ya de nombrarlas me recorre una grata sensación de plenitud.

Pero el azar, eso inescrutable, me dio dos hallazgos que me hicieron cambiar de opinión, drástica, dolorosamente. Uno fue un afiche que tiene unos cuantos años y encontré de casualidad. Es de Ivana Rosales, en una foto que publicó el diario Río Negro con la crónica que escribió Guillermo y que nos introdujo, a unas compañeras y a mí, en una cruda historia de vida. El afiche, con la foto de Ivana rapada, el rostro todavía tumefacto por los golpes y las operaciones, decía “Ivana está viva. Pero muchas mujeres como ella, víctimas de violencia, no sobreviven a los golpes. En la región las víctimas que llegan a denunciarlo por año son el 70 por ciento”. Seguía más abajo una vana invocación a las instituciones, para que dejen de apañar a los varones violentos.

¿A cuánto habrá ascendido ese 70 por ciento? ¿o habrá que festejar que descendió? Lo dudo: últimamente a los aniquiladores de mujeres se les dio por quemarlas vivas, en cifras que los diarios actualizan casi con fruición, y día a día sabemos de una prójima cuyo noviecito, maridito, hermanito o padrecito golpea, maltrata, humilla, ataca, viola, abusa y mata. Muchas de ellas han sido entrenadas para amar, cuidar y soportar. Nacieron minas.

El segundo hallazgo, un regalo de internet, es pavoroso. Una noticia que decía:

“Bandas de hombres sudafricanos están violando a lesbianas con la creencia de que así ‘sanarán’ la orientación sexual de las mujeres, dijo el viernes la organización de ayuda ActionAid. Sudáfrica cuenta con una de las constituciones más progresistas y se convirtió en el primer país de África que permite el matrimonio homosexual en 2006, pero la homosexualidad está aún mal vista y las uniones del mismo sexo son calificadas a menudo como ‘no africanas’.

“’Nos insultan a diario, nos golpean si vamos solas, te recuerdan constantemente que te mereces ser violada‘, dijo una lesbiana a ActionAid. ‘Te gritan ‘si te violo, te corregirás, te comprarás faldas y empezarás a cocinar porque tienes que aprender a ser una verdadera mujer», añadió”.

La información se completa con las inevitables cifras: cada semana hay diez nuevas víctimas sólo en Ciudad del Cabo y 31 lesbianas han sido asesinadas en estos atentados desde 1998, según números de denuncias, porque se presumen muchos más. De todos, hubo una sola condena de la justicia. ¿Más cantidades? Pues las hay: 500.000 violaciones al año en Sudáfrica.

ActionAid dijo que la policía era particularmente reacia a investigar delitos contra lesbianas y que el apoyo a las supervivientes era inadecuado. (Información de Rebecca Harrison; Traducido por Inmaculada Sanz en la Redacción de Madrid; Reuters Messaging: inmaculada.sanz.reuters.com@thomsonreuters.net + 34 915858341; inmaculada.sanz@thomsonreuters.com)

Quise celebrar el arte y la creatividad de las mujeres este ocho de marzo; quise escaparle al victimismo. Pero con lágrimas en los ojos leo y escribo sobre este hallazgo de la barbarie contra las mujeres. La llaman “violación correctiva”. Horror: hasta tiene nombre y figura así en Wikipedia: “La violación «correctiva» o «curativa» (en inglés corrective rape) es un eufemismo que se refiere a la violación de lesbianas por parte de hombres, con el supuesto fin de cambiar la orientación sexual de la víctima”.

Violadas y asesinadas, la pareja de Sizakele Sigasa y Salome Massooa dio origen a una campaña que tomó alcance internacional cuando la víctima fue una conocida jugadora de fútbol, Eudy Simelane, muerta por una patota feroz que la violó y la apuñaló veintincinco veces. Agresores hombres. Víctimas mujeres. Y lesbianas: doble condición de crímenes que espantan, porque son crímenes de odio.

¿Hay que decir, otro Día Internacional de las Mujeres, instituido porque hubo mujeres asesinadas para recordar cada fecha como ésta, que tampoco hay nada que celebrar este año, que no queremos flores ni bombones sino que sólo nos consideren humanas, como las madres que los parió? ¿hay que decirlo todos los años? ¿hasta cuándo? ¿cuánto más? Cuando discuto con los (son siempre “los”, pero hay algunas “las” también) que se niegan a ver esta verdad tan clara de las mujeres castigadas por haber nacido mujeres pido a voz viva que me muestren los cuerpos de varones quemados por sus mujeres, los cuerpos de varones calcinados por sus novias, esposas, madres, hijas. ¿Dónde están los violados, los masacrados, los mutilados por las mujeres a causa de ser varones? No hay tal contraparte. Como tampoco el feminismo es la contracara del machismo, porque no quiere más víctimas sino justicia; porque es afirmación, no negación; porque crea y no destruye.

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