Aborto legal

Acompañamiento feminista: Del deseo a la organización 

“Las socorristas son la mejor respuesta que el amor sororo puede dar”, escribió la poeta  Marianela Saavedra después del almuerzo, cuando las palabras se hicieron cuerpo, en la segunda jornada de la Escuela Socorrista. Como otras, Marianela es una futura socorrista. Como las que hoy llenaron su cuadernillo de apuntes, hicieron audibles sus preguntas y compartieron nuevamente la ronda, esta vez en el salón de usos múltiples de la Escuela 118 de Neuquén. 

Si ayer circuló la enunciación de los deseos, de la motivación para acompañar a mujeres y otras personas con capacidad de gestar, hoy se hizo presente la necesidad de la organización. ¿Cómo es que, eso que nos moviliza en lo individual, se hace colectivo, sostenible y sistematizado? Sobre esa pregunta, las Socorristas en Red tienen varios ensayos.

Centradas siempre en la escucha, la mañana comenzó con una simulación de la atención telefónica de la línea pública de La Revuelta, que brinda información sobre aborto con medicamentos, acorde a los parámetros establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El teléfono como medio más accesible cuando hay dudas, sentires contrapuestos o firmes decisiones. Ese primer momento de escucha, donde las palabras pueden comenzar a sanar a través de la confianza.

“Es importante que la otra sepa que estás interesada de verdad en lo que te está contando, porque se trata de su vida”, dijo Carla Riffo, socorrista de Neuquén, al referirse al desarrollo de los talleres que brindan información sobre aborto. Otro momento fundamental del hacer socorrista. Alguien más habló de mirar de a los ojos, de no hacer propios esos abortos que son de otro cuerpo, con otra historia y otra trayectoria, de hablar del placer, de los lazos y de la libertad.

En esos espacios de cuidado, la confianza va creciendo como una enredadera con sus formas serpenteantes y sorpresivas, pero firmes. Así también, es un confianza que abraza la autonomía de las mujeres, de aquellas que se dan por suficientemente informadas y con eso hacen su elección, porque siempre se trata de sus cuerpos y de sus transitares.

Historias que siguen su camino pero que quedan en la experiencia de la socorrista, no solo a través de datos cuantificables y sistematizables, sino también, en la cuerpa:

“A Elena le hablé casi susurrando, creyendo que así nos sentiríamos más cerca […] Cuando me contó que nunca usó método anticonceptivo la que se quedó con todas las haches encima fue yo. Mientras charlábamos sus ojos se iban inundando. Sentí que podía nadar en lo que ella no podía decir. Anoté en el margen de la hoja: método anticonceptivo nunca usó (lo usa como defensa o algo así). En defensa de los machos que la sometieron pensé. No usó nunca porque era el plan perfecto para no tener relaciones sexuales con esos machos, pensé también.  Sus ojos, de un marrón oscuro, se volvían cada vez más acuosas hasta que Elena se volvió toda barro, toda agua. Su aborto fue la excusa perfecta para encontrarnos, para mirarnos, sonreír juntas y reafirmar, una vez más, el poder que tenemos las mujeres cuando nos encontramos”, escribió, hace ya algún tiempo, Belén Grosso, sobre su acompañamiento a Elena sin h, texto que fue una de las lecturas del cierre de esta tarde.

 

 

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