Educación Sexual Integral en Loncopué: una herramienta para “habitar los espacios escolares con más amorosidad”

Por Elena Egea.-

Maira Méndez regresó a Loncopué para enseñar Filosofía y terminó impulsando «la equipa» de ESI en el Instituto Superior de Formación Docente N°10. Transformó la teoría feminista en derechos concretos como regímenes de inasistencia por violencia de género y protocolos por maternidad.

“Una se puede ir del pueblo, pero el pueblo no se va de uno”, repite Maira Méndez como una declaración de principios. Después de estudiar Filosofía en la Universidad Nacional del Comahue y de un breve paso por las aulas de Neuquén capital, decidió que su carrera docente cobraría mayor sentido en Loncopué, el lugar donde nació. Una localidad cordillerana, ubicada a 300 km de la ciudad de Neuquén,en la que residen unas ocho mil personas. Allí se presenta ante sus estudiantes como “profe de filosofía feminista” y utiliza la Educación Sexual Integral (ESI) “para habitar los espacios escolares con más amorosidad, de manera más hospitalaria”.

Se incorporó al Instituto Superior de Formación Docente (ISFD) N°10, “un instituto con una historia marcada por la defensa de los derechos humanos”. Maira señaló que en esa institución se plantaron “contra la megaminería que se había querido instalar en Loncopué”. Pese a esa trayectoria, a la ESI se le oponía cierta resistencia. En 2016, durante una reunión, una colega afirmó que las mujeres que sufren violencia se quedan con sus agresores “porque les gusta que les peguen”. “Esa escena me marcó bastante, me incomodó mucho porque implicó poner el cuerpo contra esos discursos”, relató.

Aquel cruce fue el motor para crear “la equipa” de ESI dentro del instituto. Junto a la directora Erica Bulgarelli y la vicedirectora Lorena Moreno, Maira impulsó un equipo habitado por mujeres. El trabajo territorial las llevó a recorrer escuelas primarias y secundarias de la zona y a visitar a la comunidad mapuche Millaín Currical, en el paraje Huncal. A veces se chocaban con la falta de recursos, pero lo resolvían con ingenio. “Una vez compramos porcelana fría y una tarde nos pusimos a modelar penes para un taller sobre disfrute y métodos anticonceptivos. Esos penes anduvieron en nuestros talleres por todos lados”, recordó.

Las iniciativas que proponía el equipo atendían a las necesidades de la comunidad educativa del ISFD N°10. Desde su rol como coordinadora de políticas estudiantiles, transformó la teoría en derechos concretos para quienes habitan el profesorado. Impulsó un proyecto para que las estudiantes que sufren violencia de género cuenten con un régimen de no cómputo de inasistencias. También diseñó protocolos para acompañar la vuelta a clases de las alumnas que atraviesan licencias por embarazo. “Se van 45 días de la institución y cuando vuelven, ¿cómo acompañamos esa situación en los espacios curriculares?”, se preguntó. Entiende que cuidar esas trayectorias es, en esencia, ejercer la ESI.

“La equipa” fue sumando distintas miradas desde diferentes profesiones y campos de la educación. El año pasado se incorporaron una bióloga y una psicóloga y, además, convocaron a las estudiantes del instituto para que se integraran al grupo. Así, 20 jóvenes se anotaron para “acuerpar” la ESI en las escuelas donde luego desarrollarán sus prácticas. Para Maira, este recambio es fundamental: “Son nuestras egresadas las que hoy están albergando a las infancias, las acompañan, las abrazan”, resaltó.

Maira aporta a la ESI su perspectiva desde la Filosofía. Explicó que autores como Michel Foucault, Judith Butler y Simone de Beauvoir le permitieron cuestionar el binarismo y las estructuras de poder, aunque sostuvo que fue la práctica la que terminó de darle forma a su mirada. En una capacitación conoció a Ruth Zurbriggen, una de las fundadoras de la Colectiva Feminista La Revuelta, y escuchó una frase con la que se titula un libro de Graciela Morgade, que caló hondo en su formación: “Toda educación es sexual”. Desde entonces, trabaja bajo la premisa de que la escuela siempre transmite mensajes sobre la sexualidad.

“Yo aprendí la ESI en la marcha. Con los años se ha ido resignificando un montón mi práctica. Ya no peleo como lo hacía antes, no me enojo como lo hacía antes. He tratado de ir tramando otras estrategias, tejiendo otras redes”, comentó Maira. Sin embargo, observó que no solo ella fue aprendiendo, también lo hizo el resto de la comunidad educativa de Loncopué. “Me cuesta pensar que haya una resistencia tan fuerte de las familias hacia la ESI por algo que encontraron en los cuadernos”, afirmó.

Señaló que la mayor dificultad de las egresadas del ISFD N°10 para implementar la ESI en sus escuelas es sostener la formación en esta materia. “En el interior neuquino, por lo menos en Lonco, falta que lleguen capacitaciones porque no todas pueden viajar a otras partes de la provincia para formarse”, remarcó Maira. Agregó que, dentro de la labor como docente, “muchas veces no encuentran cómo armar red” o “no se sienten autorizadas para implementar algunas prácticas”.

 

Pese a los obstáculos, Maira ve con orgullo a sus estudiantes y graduadas que ejercen su profesión con responsabilidad, incluso en un contexto de creciente ataque hacia la ESI. “Los discursos negacionistas, los discursos de la derecha, siempre estuvieron. Creo que hoy lo que encontraron es un escenario que los habilita aún más”, reflexionó. Sostuvo que este ensañamiento responde al desconocimiento y al miedo que genera una herramienta que interpela e incomoda, pero que sobre todo ofrece protección: “La ESI vino también a darle voz a esas infancias que han sufrido abusos”.

Para Maira, además, la educación sexual integral molesta porque no puede pensarse por fuera de los feminismos. Sostuvo que la ley es hija de esas luchas y que el aula es el territorio para desarmar el machismo estructural que termina en femicidios. “Me cuesta pensar la ESI por fuera de los feminismos, en plural. La docencia nos implica pensar desde dónde queremos conformar subjetividades. La ESI tiene la potencia de transformar la sociedad desde la raíz”, afirmó.

La profesora señaló que eso se ve reflejado en las nuevas generaciones que hoy hablan de placer y consentimiento. Celebró que las adolescencias ahora tengan herramientas para decidir sobre sus cuerpos y sus tiempos. “Poder traer esto sobre la mesa empodera a nuestras juventudes”, enfatizó.

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