Educación Sexual Integral en Neuquén: “La ESI nos ayuda a aprender y a enseñar de qué modo podemos vivir mejor de manera colectiva”

Por María Pía Borja.-

María Eugenia Páez Fernández tiene en la voz el entusiasmo de quien emprende una aventura. Tiene 30 años, se recibió de docente en 2024 y empezó a ejercer como maestra de tercer grado este año en la Escuela N° 311 del Barrio Hibepa de la ciudad de Neuquén. Adjetiva la institución en la que trabaja como “re linda”, califica a su Maestra de Apoyo Pedagógico como “un sol”, pone en valor el acompañamiento del equipo directivo, destaca la sabiduría que tiene su vice directora y cuenta entre risas que eligió esa escuela -aunque le quede lejos- porque ahí trabajan sus tres amigas. En su discurso se entreteje la evidencia del sostén colectivo.

Eugenia Páez Fernández

“Tengo la esperanza que de lo que trabajamos hoy en el aula, esto de enseñar que la sociedad es una construcción colectiva, deje una semilla para ver si realmente florece algo re copado”, cuenta Eugenia en relación a su tarea pedagógica.

Cuando cursó la primaria y secundaria no tuvo educación sexual, salvo “dos o tres profes revolucionarias”. La Ley 26.150 de Educación Sexual Integral (ESI) se sancionó cuando ella tenía 10 años y su implementación aún hoy es parcial. Todavía a veces depende de la militancia o buena voluntad de docentes.

Cuando realizó la residencia en el Instituto Superior de Formación Docente 12, recibió herramientas formales en relación a la ESI. “Fue muy ameno porque enfrentamos otras realidades y de una manera mucho más comprensiva, con otra mirada”, recuerda en relación a esas instancias de prácticas en dos escuelas diferentes. 

Su paso por el nivel terciario lo califica como “totalmente diferente” a los anteriores. Asegura que los contenidos de ESI “fueron herramientas primero para la vida y después para comprender el espacio en la escuela”. “La ESI nos ayuda a aprender y a enseñar de qué modo podemos vivir mejor de manera colectiva”, sintetiza.

Eugenia cursa la Diplomatura de posgrado presencial y gratuita: “Feminismos en la Educación Sexual Integral para la formación docente” coordinada por la Colectiva Feminista La Revuelta con la Facultdad de Humanidades, de la Universidad Nacional del Comahue. Este año, el espacio de formación está destinado a docentes en ejercicio en el nivel primario.

Nuestra entrevistada cursa junto a tres amigas que son también sus compañeras de trabajo. “Re pesadas”, dice entre risas. “Somos bastante pesadas las cuatro –repite- pero siempre le ponemos mucho énfasis a esto del cuidado de uno y el cuidado del otro”. Para ellas, la diplomatura es como “un mini encuentro de mujeres”. Enumera sonriente lo que experimentan cada sábado de cursada: “La actividad, la risa, el juego, el abrazo, otras escuelas, otras realidades y soluciones también, el intercambio, la escucha… es valiosísimo”.

Eugenia con 6 meses de antigüedad en su cargo docente tiene claro que es clave deconstruir las estructuras.  “Como docentes tenemos que romper con esas lógicas, esas normas, ese orden”, explica. Da ejemplos simples: cómo se deciden cuestiones en el aula, la posibilidad de los niños y niñas de sacarse las zapatillas o cómo se disponen los bancos. “Cuando se sientan en ronda de seis a siete, ahí trabajás de todo, cómo se vinculan, clases sociales, todo”, puntualiza.

La ESI para Eugenia es la puerta para construir una sociedad diferente, en la que “exista la posibilidad de cuidar al otro, que esté la otredad”. “Porque impera el individualismo, la tecnología nos está aniquilando, los niños y niñas están perdiendo estímulos”, observa. “En la escuela un poquito se recupera”, agrega inmediatamente con optimismo.

La maestra está a cargo de tercer grado, un momento en el que niñas y niños -cuenta- salen de la etapa infantil, comprenden otras cosas y se vinculan diferente. Trabaja ejes como la vincularidad, el cuidado propio y de otras personas o valorar la diversidad.

Cuando son las y los estudiantes quienes traen debates, la docente saca a flote sus herramientas. Ante una discusión sobre la palabra gay, por ejemplo, lo primero que hizo fue preguntarles a ellos qué significado tiene. Uno de los estudiantes, que tenía ciertas dificultades para la comprensión y el respeto de los espacios dijo: “Es cuando uno ama a otro”. La maestra educó desde la pregunta: “¿Qué hay de malo en amar a alguien diferente?”. La respuesta fue: “Yo, seño, la amo a usted”. “¡En un momento me empecé a reír porque me causó tanta ternura!”, recuerda Eugenia.

Cuando se refiere al acompañamiento positivo del equipo directivo dice “por suerte” y cuando habla de las familias, repite la expresión como si esa actitud no fuera habitual. Si bien caracteriza el contexto pedagógico en el que se desenvuelve de forma optimista, reconoce que en el contexto nacional, la ley de Educación Sexual Integral está en riesgo. Explica esta amenaza por su carácter “contrahegemónico” frente a gobiernos que “hablan de orden”. “Es cruel”, se lamenta.

 

Consciente de que existe resistencia de algunas familias frente a la ESI, imagina escenarios posibles en los que se tuviera que afrontar esta situación. Tiene claridad sobre el marco legal, cita lo aprendido en la diplomatura. Apela también al diálogo con las familias: la necesidad de aclarar que sexualidad es mucho más que genitalidad, que los contenidos de la ESI atienden las diferencias en cuanto a edades y se ocupan de los afectos, los vínculos, de poner palabras y hacer lugar a lo no dicho, a lo que nos hace bien y a lo que nos hace mal. Cuando habla con madres y padres, encuentra resonancia: “Creo que quieren de verdad velar por la identidad de sus hijos”, concluye esperanzada.

Desde y con la ESI, a la que también define “como un mimo”, Eugenia pone en acto eso que sostiene la pedagoga negra bell hooks: educar es siempre una vocación arraigada en la esperanza. 

 

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