Los 19 años de la ESI se celebran haciéndola vivir en las escuelas

Docentes e integrantes de la colectiva feminista La Revuelta desarrollaron una serie de jornadas sobre Educación Sexual Integral en el CPEM 23, en el 53 y en la Escuela de Enfermería, en el marco de un nuevo aniversario de la Ley 26.150.

Una ronda enorme interrumpe la jornada de un jueves habitual en el SUM de la Escuela de Enfermería. Son estudiantes de cuarto y quinto año. “Venimos a celebrar los 19 años de la ESI”, dice Nadia Mamaní, docente y activista feminista en La Revuelta. Junto a Belén Groso, también maestra y revuelta, explican cómo va a transcurrir esta mañana distinta: juegos, postas, situaciones a resolver y un refrigerio para compartir. A la salida del SUM ya está dispuesta “la mesita” que La Revuelta viene instalando hace varios meses en distintos establecimientos educativos de nivel secundario de la región con materiales sobre Educación Sexual Integral. Una bandera violeta enmarca la mesa con una frase auspiciosa: “ESI para desear”.

“La entrada de La Revuelta a la escuela tiene que ver con la posibilidad de compartir material, folletería, en el momento del recreo, entonces estudiantes, profesores y profesoras se fueron acercando y preguntando, y eso está bueno sobre todo para cuarto y quinto año que pertenecen al plan anterior donde no tenían ESI. Aunque es transversal, se nota la diferencia. Cualquier taller que nos provoque, que sea diferente, que rompa con la estructura de la clase, que nos proponga pensar, reflexionar sobre estos temas, está bueno”, cuenta Paola Moreno, asesora pedagógica en la Escuela de Enfermería y profesora de Filosofía.

Un juego en duplas con una hoja de papel larga las primeras risas, ya se nota que la jornada traerá algo distinto. Se dividen en cuatro grandes grupos y pasan a postas donde la ESI se vuelve juego: “pescar” frases y decir si son verdaderas o falsas, adivinar “qué método anticonceptivo soy” haciendo preguntas, hacer listas al estilo “5 formas de nombrar la vagina….”.

“En una de las listas que tienen que poner dónde pueden conseguir preservativos. Por ejemplo, decían el hospital, la salita, la farmacia y ‘las mesitas’. Eso me llamó mucho la atención, que tengan en su imaginario que ahí es un lugar de búsqueda de cosas”, relata Belén sobre una de las experiencias en los juegos.

Toca el timbre, empieza el recreo, la mesita se llena. Manos que agarran preservativos, stickers, Nadia explica cómo usar un profiláctico, una chica le explica a un compañero por qué está bueno usar lubricante, el chico la mira asombrado: “ella sí que sabe”, le dice entre risas.

La actividad que sigue divide al grupo en varones y mujeres (si hay estudiantes con otras identidades de género deciden dónde sienten mayor comodidad). Tienen que debatir sobre una situación de dos adolescentes heterosexuales, Rosa y Pedro, que tienen relaciones sexuales y ella queda embarazada. Tienen que imaginarse que Rosa es una amiga muy cercana y tienen que darle un consejo de qué hacer. Belén cuenta que en los debates el aborto aparece como una posibilidad: “no hay una cosa de que el aborto esté mal, de que no se puede hacer, hay argumento vinculado a los riesgos que corren las pibas si son adolescentes y continúan un embarazo”. Surgen también opiniones vinculadas a acompañar a Rosa “emocionalmente”, a decirle que no transite el proceso sola, a que una persona de 14 años no está “mentalmente preparada para ser madre, ni padre”. Las tensiones también se hacen presentes, hay algunos que aseguran que si Rosa aborta se quedaría con culpa, varios hablan de sus experiencias personales con sus hermanas, con sus madres. Logran, aunque sea por unos minutos, hablar de ellos, de sus deseos: “no podemos traer un hijo al mundo así como así, yo de chico pasé necesidades y no quisiera que se repita”, “ella no sabe qué hacer, pero nosotros muchas veces tampoco”.

“Lejos de pensar que las nuevas generaciones de varones son menos machistas porque tienen más herramientas, porque las familias son más progres, vemos que no, que hay toda una tendencia de la derecha radicalizada que influye mucho en las formas de pensar, en las subjetividades también. Entonces estas instancias de pensarse son muy importantes”, analiza Paola. Agrega además que en el contexto actual, de sobreinformación viralizada por las redes digitales, es fundamental no solo reforzar la ESI sino generar instancias de pensamiento, diálogo y contención. “Tenemos un montón de datos, un montón de formas de comunicarnos, pero no tenemos ese espacio para pensar. Y eso requiere de disponer de tiempo”, afirma.

La mañana termina con un refrigerio compartido en el SUM. Algunas charlas siguen en los pasillos ¿Cuántas preguntas quedarán dando vueltas? ¿Qué cosas, además de preservativos y stickers, se llevarán a sus casas, a sus relaciones, a sus vidas? La ESI es muchas cosas, es sobre todo en función de quiénes se la apropian, de quiénes la hacen vivir con dudas y certezas, con juegos, con risas, y también con deseos. 

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