Transfemicidio de Azul Semeñenko: “Fue un crimen de odio”

Por Melina Fit 

Se espera que a fines de junio concluya la etapa de investigación, para poder convocar al jurado popular que juzgue el transfemicidio de Azul Semeñenko, ocurrido el 25 de septiembre de 2025 y por el cual hay un único imputado, Roberto Daniel Sánchez.

Marcha por justicia por Azul, 16 de octubre de 2016. (Foto Cecilia Maletti)

“Azul era una persona humilde y generosa, así me gustaría que se la recuerde. Una amiga me contaba que muchas veces Azul no tenía para comer, pero si pasaba alguien a pedir no importaba si se quedaba sin comer al mediodía o a la noche, ella sacaba del bolsillo lo que tenía y se lo daba”, cuenta Marco Millapan, su hermano, en una entrevista en el programa radial “Dementes, feminismos en el aire”.

Azul estuvo desaparecida 20 días, sus compañeras de trabajo en la Dirección Provincial de Protección Integral contra las Violencias, fueron las que visibilizaron su búsqueda, organizaron marchas, ruidazos, empapelaron la ciudad con su cara y su nombre. Azul tenía 49 años, era una mujer trans, y su cuerpo fue encontrado junto a un canal en el oeste de la ciudad de Neuquén el 15 de octubre de 2025. Al día siguiente, miles de personas marcharon para exigir justicia por el primer transfemicidio que se registró en la ciudad. Al poco tiempo  detuvieron a Sánchez, un mecánico del barrio Belgrano, a quien se lo acusó de homicidio triplemente agravado: por ensañamiento, por odio a la identidad de género y por haber sido cometido de un hombre hacia una mujer mediando violencia de género. Por este motivo será juzgado por un jurado popular. La etapa de investigación concluirá el 21 de junio

“El odio estuvo y es lo que se trata de determinar. Dos compañeras de ATTTA van a declarar para contar desde su experiencia el contexto de la comunidad trans, cómo viven, qué tipo de vulnerabilidades atraviesan. Fue un crimen de odio y el veredicto tiene que ser por transfemicidio, porque hay pruebas suficientes que se sostienen por sí mismas”, remarca Marco.

Su hermano recordó algunas de las dificultades que vivió Azul: “le costó mucho tener un trabajo estable, hacía poco que había conseguido su planta permanente. Siempre se la rebuscó, con changas, limpiando patios. Sufrió la discriminación, pero celebro que pudo vivir su identidad”.

Un crimen de odio está motivado por actos discriminatorios vinculados a la raza, etnia, religión, orientación sexual, identidad de género, discapacidad, nacionalidad o ideología de la víctima. El desafío en este tipo de juicios es lograr probar el contexto de vulnerabilidad y de discriminación que atravesaron las víctimas por su identidad de género. Hay antecedentes en la justicia argentina: en 2018 Tribunal Oral en lo Criminal N° 4 de CABA condenó a perpetua a Gabriel David Marino por el crimen de la activista Diana Sacayan en 2015, siendo el primer fallo en el país en utilizar la figura legal de travesticidio y el agravante de odio a la identidad de género, aunque por la apelación de la defensa en 2020 la justicia descartó el agravante por crimen de odio; en agosto de 2024, el Tribunal en lo Criminal N° 2 de La Plata sentenció a perpetua a Luis Alberto Ramos por el homicidio del joven trans Tehuel de la Torre desaparecido en 2021, marcando un precedente histórico al reconocer el crimen de odio hacia las masculinidades trans (transhomicidio). En estos momentos se está desarrollando en Buenos Aires el juicio contra Fernando Justo Barrientos por el triple lesbicidio en Barracas. La abogada de la FALGBT, Samantha Pedrozo, analiza cómo estos crímenes tienen además un mensaje a la sociedad: “es fundamental la visibilización y que la justicia sepa que no es solamente una víctima, sino que es un conjunto de posibles víctimas. Que se sepa que un sector de la sociedad fue afectado por este hecho y que está esperando cierta resolución para poder vivir mejor, para poder vivir sin miedo”.

Marco resalta el acompañamiento que reciben como familia: “vivir el transfemicidio de tu hermana conlleva muchas cosas. Nos acompañan y aprendemos de los aportes de las distintas organizaciones. Entre el dolor y la bronca de las compañeras de trabajo, de militancia, de organizaciones es lo que nos da la fortaleza para luchar y a que se haga justicia”.

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