Educación Sexual Integral en Neuquén: ¿“Cómo anda el corazón”?, la pregunta que a Gimena le gusta hacer a sus estudiantes

Por Laura Rosso

Gimena Fernández tiene 38 años, es nacida y criada en la ciudad de Neuquén y desde hace dos años y medio vive en Plottier, a 15 kilómetros de la capital neuquina. En 2011 se recibió de profesora en Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional del Comahue. Guarda un inmenso amor hacia docentes que la acompañaron durante la carrera: “Nunca me sentí un número”, señala para marcar la idea de amorosidad que la acompañó durante sus años de estudio. Desde hace 12 años trabaja como asesora pedagógica en la escuela secundaria de la cual egresó, el CPEM 53, a tres cuadras de la casa de su mamá, “una escuela a la que quiero mucho y a toda su comunidad también”. En esa misma escuela, con el nuevo plan curricular, tiene seis horas específicas de ESI. 

Gimena, a la derecha, en el CPEM 53.

Su encuentro con la ESI vino de varias personas y en distintos momentos. “Puedo volver a mi época de estudiante en el nivel secundario y reconocer a personas que han sido muy importantes, que han actuado desde la ESI, sin saber que estaban actuando desde ese lugar”. Gimena tenía 15 años cuando su papá le presentó a Ruth Zurbriggen. Era un momento muy complejo para ella y Ruth la acompañó, la ayudó y la sostuvo. “Haberla encontrado fue re zarpado”, subraya. Nombra también a su abuela Gladys, que murió hace varios años y le legó su pañuelo verde. En su formación docente, a Graciela Alonso, Jorgelina Villarreal, Alejandra Rodríguez de Anca y Raúl Díaz. “Siempre y desde todas las perspectivas dispuestas a abrir cabezas y ayudarte a pensar las cosas de otra manera”. 

 

La ESI brinda un encuadre

“La Educación Sexual Integral da el marco, el encuadre”, reflexiona Gimena. Siento que la ESI me permite intervenir pensando en un montón de intersecciones. Ahí están mis compañeras, mis compañeros, de quienes aprendo y vamos revisando la práctica permanentemente”. Y trae algunas situaciones del aula: Una estudianta le dijo que no quería sacarse la campera en clase porque se sentía incómoda con la mirada de un docente. “Es ahí donde está la perspectiva de género, donde se empiezan a observar cuáles son las desigualdades, cuáles son los mandatos, por qué tenemos que seguir quedándonos en silencio, incómodas, bancándonos cosas en soledad por la mirada del otro. O cuando viene una piba y te dice: ‘profe no me cuidé’. Son cuestiones que ocurren todo el tiempo y dan cuenta de que la ESI nos habita”. Gimena repite esa palabra: “Sí, nos habita y además resignifica un montón de situaciones para abordarlas desde otras perspectivas. Por eso a la ESI hay que defenderla, sobre todo en contextos como el actual, donde todos los derechos están en jaque”. 

Propone buscar algún marco teórico, y menciona los aportes de Rita Segato: “En ese sentido me parecen centrales. El sistema capitalista se sostiene gracias al sistema patriarcal, y que las personas, sobre todo mujeres y disidencias, seamos poseedoras de derechos al poder de turno, al neoliberalismo, a la derecha, a la ultraderecha, no le conviene. Que una sepa, que se defienda, que sea sujeta de derechos, que pueda decidir sobre el propio cuerpo, que pueda tener voz, identificar las violencias, que pueda decidir cómo explorar y cómo vivir su sexualidad. Todo eso pone en jaque las bases del sistema patriarcal. Y a la ultraderecha que se nutre de posiciones súper tradicionalistas, sostenidas por iglesias de todo tipo. Entonces no les conviene la ESI porque hace tambalear todo ese poder que ha construido y todas las desigualdades. La ESI empodera, y si estoy empoderada voy a salir a la calle y me voy a juntar con otres y voy a pensar mi vida de manera política. Sí, lo personal es político y así voy a armar redes con mis amigas, con mis compañeras”.

Gimena habla de la importancia de poder hablar, denunciar y reclamar, por ejemplo, una cuota alimentaria. Fue mamá a los 20 y cuenta que tardó ocho años en reclamar una cuota alimentaria.
Y cuando lo hizo dijo: ‘Guau, mirá lo que pude hacer’. Ese acompañamiento del movimiento feminista “el que sale a la calle, es el que hace tambalear al sistema patriarcal. Es impresionante lo que genera”, apunta. Y continúa: “Por eso es que desde los sectores ultraconservadores prefieren la educación emocional. Hay un avance muy grande desde las neurociencias, pero hablan de las emociones desconociendo la ESI, porque no es que la ESI no trabaje sobre los sentires, la valoración de la afectividad, el reconocimiento de lo que nos está pasando y qué hacemos con eso que nos pasa. En la educación emocional hay una necesidad de individualizar, de correr lo colectivo”. Y trae la frase ‘nadie se salva solo’. Agrega: “La educación emocional tiende a individualizar y muchas veces a culpabilizarnos por eso que nos pasa. Por eso creo que no le puedo decir a una estudianta que vive en condiciones de extrema vulnerabilidad, que tiene que manejar su enojo y sus maneras de responder. Podemos charlar, decir y mirar otras cosas para que ella pueda habitar la escuela de otra manera. Eso es trabajar desde la ESI”.

Sobre los miedos de las familias, Gimena dice que a veces piensan que la ESI le vas a enseñar a los chicos y a las chicas a cómo mantener relaciones sexuales: “Esas ideas siguen estando”. Como asesora pedagógica trabaja mucho con las identidades y van acompañando cómo se siente  y se va auto percibiendo cada estudiante: “Tenemos muy buena interacción con la Subsecretaría de Diversidad, que nos acompañan un montón”. Gimena insiste en defender la ESI y seguir formándose. “Porque es una manera de resistir”. Encuentra que la ESI habilita la palabra, habilita dudas y habilita ponerse en el lugar del otro. Poder conocerme, contar cosas que quizás nunca me había animado a contar, todo eso protege. De la mano de la ESI aparecen espacios seguros para los secretos que no nos hacen bien. Eso abre la puerta para poder continuar la vida desde otro lugar”. 

Gimena abre la posibilidad de pensar la importancia de las redes también para las escuelas. “La construcción de redes es súper importante. A la escuela va cada semana la Colectiva Feminista La Revuelta. Lleva folletería y genera lazos con estudiantes. También se acerca el Centro de Salud Nueva Esperanza, que llevan información, juegos e interactúan con les estudiantes para que se acerquen. Es un equipo que conforma la consultoría adolescente, con una psicóloga, una trabajadora social y una enfermera.  

Le gusta preguntarle a sus alumnes ‘cómo anda el corazón’. “Parece una pregunta pava -dice Gimena-, pero en esa etapa de la vida es re importante: ¿Cómo te estás llevando? ¿Te gusta alguien?
¿No te gusta? ¿Qué pasó? ¿Es tu amigo y no sabes cómo decírselo? Es poner palabras a eso que te está pasando. Entonces la ESI trasciende la educación emocional. Es superadora, brinda espacios de escucha, de contención, de acompañamiento, y así genera una escuela que aloje, una escuela que promueva la ternura, una escuela amorosa, que pueda nombrarte como vos sentís que sos”.

Sobre las necesidades vinculadas a la ESI en su comunidad educativa cuenta que están trabajando cómo se vinculan las adolescencias: “Qué se disfraza de chiste, qué se disfraza de chiste discriminatorio. Trabajamos mucho sobre el consentimiento. Y ahora que todo está atravesado por la tecnología, más aún.
Entonces, generamos espacios donde reflexionar sobre el respeto.
¿Sabés que hay familias que impiden al pibe largarse a llorar?”

 

-¿Qué le dirías a esas familias?

-Les diría que la ESI es cuidar. Que se animen a tener información, a hablar con los chicos, a preguntarles cómo se sintieron en la escuela, con quiénes hablaron, si están con otros, si no están con otros. También entiendo que el contexto actual nos lleva a tener dos o tres trabajos. Y es muy difícil estar presente conscientemente si estás muy cansado, sobre todo en familias donde la cosa está compleja y piensan en cómo pagar el alquiler, en sostener económicamente, en la plata para las fotocopias, en las actividades extraescolares. Pero les diría eso, que la ESI es cuidado a través de información.

 

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