Las pruebas de la fiscalía en el juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko: cámaras de seguridad, sangre en la casa del acusado, amenazas y testigas protegidas 

Por Emiliana Cortona y Melina Fit.-

Desde el viernes 2 de octubre se viene desarrollando en la ciudad de Neuquén el juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko. El primer crimen de odio de la provincia que llega a esta instancia. 

A lo largo de las primeras cinco audiencias la fiscalía -a cargo de Agustín García-, en concordancia con la querella -los abogados Fernando Gómez, Jesica Falcone y Shirley Sarazola-, presentó su teoría y la respaldó con testigos. Adentro y afuera de la sala 12 de la ciudad judicial familiares, amigas, organizaciones sociales, feministas y sindicatos siguieron cada uno de las jornadas.  

Roberto Daniel Sánchez, único imputado por homicidio triplemente agravado -por alevosía, por ser un crimen de odio y por violencia de género-, representado por el abogado Ezequiel Leanza, escuchó cada audiencia sin inmutarse casi en ningún momento. En contadas ocasiones habló con su abogado, o negó con la cabeza ante las declaraciones. 

Roberto Daniel Sánchez.

En la primera audiencia, del 2 de octubre, la fiscalía y la querella presentaron su teoría de cómo Roberto Sánchez asesinó a Azul Semeñenko. Ese mismo día declaró Romina Millapán, una de las hermanas de Azul que logró narrar las distintas vulnerabilidades a las que estuvo expuesta desde su infancia hasta su adultez.  Después Verónica Yañez, compañera de trabajo que hizo la denuncia de su desaparición.  Posterior a ella, declaró el joven que encontró el cuerpo de Azul mientras paseaba con su pareja y sus perros el  14 de octubre de 2025 .  Y la  cuarta y última testigo fue la oficial policial que recibió la llamada e intervino en las primeras medidas de preservación del lugar donde encontraron el cuerpo de Azul.  

La segunda audiencia fue el lunes 5 de octubre. Arrancó a las 8:42 y declararon cuatro testigos que reconstruyeron las últimas horas con vida de Azul. 

La  primera testigo fue Patricia Escobar, licenciada en criminalística y coordinadora del lugar del hecho, el 14 de octubre de 2025, donde se encontró el cuerpo de Azul en un desagüe. Según su relato, entre las 18:10 y 18:15 desde el equipo criminalístico le avisaron que habían encontrado un cuerpo en un canal. A las 19:05 llegaron al lugar y trabajaron hasta las 00:20 del 15 de septiembre. “Cada cosa que se hallaba podía tener relación con el hecho”, dijo y contó que el canal tenía una profundidad de 55 cm, arbustos achaparrados que impedían que desde la calle se vea cualquier cosa que esté allí arrollado. Por eso, tuvieron que solicitar el trabajo de Bomberos para que pudieran sacar el cuerpo. 

“El cuerpo  se encontraba en avanzado estado de putrefacción, estaba envuelto en -lo que en aquel momento entendimos como un colchón inflable- y atado con sogas y alambres”, describió.  

La segunda persona que brindó testimonio fue Estefania Giménez, que pertenece al departamento de Papiloscopía, es decir, al área encargada de la identificación humana y toma de huellas dactilares. Ella fue quien identificó a Azul. 

La perito Escobar.

El trabajo fue difícil. “Su mano derecha estaba ya que se desintegraba”, contó. En cambio, de la mano izquierda – que por encontrarse cerrada y deshidratada  – pudo obtener material epidérmico. De allí sacaron muestras del pulgar, del índice y del dedo medio izquierdo con los que pudo corroborar que los rastros dactilares y el ADN eran, efectivamente, de Azul Semeñenko. 

El tercer y cuarto testimonio fueron personal policial que también trabajaron en la investigación. Ambos analizaron los domos de la policía y los registros fílmicos que permitieron reconstruir  – tras encontrar el cuerpo de Azul 17 días después de su desaparición – los últimos minutos con vida de Azul Semeñenko. 

Pedro Sepulveda, subcomisario del área de Homicidios, mostró fotos y videos. “Dadas las características físicas del cuerpo que había aparecido sin vida, se continúa haciendo el análisis de los domos y de las cámaras de todas las que se habían secuestrado, que eran muchísimas horas, hasta que – Azul – apareció en un domo en calle Copahue y Paimún”, contó Sepulveda. 

El subcomisario reprodujo los videos de las cámaras que mostraron cada uno de los pasos que dio Azul aquella madrugada. Desde que salió a las 0:44 y caminó por calle Paimún, hasta que cruzó por Avenido Mosconi, siguió por Felix San Martin hasta calle Santa Cruz y donde fue interceptada por la camioneta manejada por Roberto Sánchez a la que terminó subiendo. 

Señalando un video proyectado en la sala Sepulveda describió: “Acá ya podemos decir que es Azul la que se la ve, que pasaba por ahí porque posee las mismas características físicas de la persona que se halló en el canal que estaba sin vida. Vemos el pelo rojizo, un tapado de color oscuro, las medias a rayas que eran las que se veían, las que tenía el cuerpo que estaba sin vida cuando fue encontrado. Y unos zapatos tipo sandalias”. 

El oficial Sepúlveda.

Apoyado también en mapas, Sepúlveda reconstruyó también lo que esa misma noche hizo  Roberto Sánchez. También detalló que el 18 de octubre del 2015, 24 días después de la desaparición de Azul Semeñenko, al reunir toda la información solicitaron a un juez el allanamiento en la casa de Sánchez. 

El cuarto testigo fue Franco Ivan Heredia, oficial encargado de hacer el análisis de cámaras. A lo largo de los minutos, y con mucho material fílmico, logró mostrar el minuto a minuto del recorrido que hizo Azul durante la madrugada del 25 de octubre, el que  hizo Sánchez, y que hicieron juntos desde la calle Santa Cruz. 

También mostró cómo a la 1:50 Roberto Sánchez se bajó de la camioneta frente a su domicilio y cómo también lo hizo Azul: salió del lado del acompañante, se acomodó el cabello e ingresó a la casa de calle Copahue 1100. También mostró cómo desde ese momento ni Azul, ni nadie más que él, entró ni salió de esa casa. 

También cómo el 25 de septiembre Sánchez abrió su gomería y trabajó hasta la noche. Cómo a la madrugada aproximó la camioneta y cargó algo en la parte trasera. Después el camino que tomó Sánchez desde su casa hasta el desagüe donde depositó el cuerpo de Azul. Y cómo recorrió esos 16 kilómetros de vuelta a su casa. 

La tercera audiencia comenzó el martes 6 de octubre a las 10:35. Ese día declaró la magister Josefina Fernandez como testigo experta. A lo largo de su declaración logró mostrar las vulnerabilidades a las que el colectivo travesti trans está expuesto desde la infancia hasta la adultez. 

Después declaró el perito Lucas Bravo Berruezo, licenciado en criminalística que trabaja en el Cuerpo Médico Forense dependiente del Tribunal Superior de Justicia. Su tarea fue hacer la requisa de la camioneta que manejaba Roberto Sánchez. 

El perito Bravo Barrueso.

Durante su testimonio explicó que con la técnica “Blue Star” (una reacción químico luminiscente con la cual se pueden visualizar manchas de sangre que a simple vista no se ven) pudieron encontrar sangre humana en: el volante; asiento del conductor, puerta, respaldo, costado y piso de la parte trasera del vehículo. También pudieron establecer que la sangre en distintas partes del vehículo fue esparcida, es decir, lavada.  

La cuarta audiencia fue el miércoles 7 de octubre. Ese día declararon cuatro personas. La primera fue Lorena Barabini, Secretaria de Mujeres y Diversidad de la Provincia del Neuquén, quien habló sobre la violencia y discriminación naturalizada en las personas trans, y sobre los temores de algunas mujeres trans a declarar en el juicio por el transfemicidio de Azul.

En este contexto, la segunda testigo fue una mujer trans que solicitó declarar sin  la presencia del imputado, ni del público. “Ésto le genera una situación de temor, de sufrir alguna represalia”, contó el fiscal Garcia y pidió la reserva de su identidad. A lo largo de su exposición logró mostrar las vulnerabilidades a las que están expuestas.

La tercera testigo fue Julia Villalba,  licenciada en criminalística que trabaja en el cuerpo médico forense en el laboratorio de Criminalística que pertenece al Tribunal Superior de Justicia. 

 

Villalba contó que el allanamiento que realizaron en la casa de Sanchez comenzó a las 08:00 y finalizó a las 20:50 horas. Sacaron 1145 imágenes, es decir, elementos en los que fijaron distintos análisis. Durante las más de 12 horas que duró la inspección tanto en la planta baja de la casa – donde funciona la gomería del imputado – como en la parte alta de  la casa, donde se ubica la vivienda, encontraron manchas compatibles con sangre humana. 

A lo largo de su extensa presentación mostró las manchas en fundas de almohadas, en un cubre colchón, en un TV, en un pantalón, en la pared de la escalera, en una navaja, en la alacena, en el piso, en la pared, en la puerta,  en un machete, en toallas, sábanas, en el colchón. También en el baño, en el dormitorio, en el placard y en el techo.  Además, mostró que encontraron, en distintos sectores de la casa, vestigios de limpiamiento. 

Ya entrada la exposición el fiscal le preguntó: “Usted nos dijo que trabajar en el lugar del hecho era encontrar indicios que puedan ser útiles para la causa, para poder determinar si en ese lugar existió un crimen. Le pregunto con todos estos indicios, a usted ¿Qué le parece?” 

Ella, automáticamente y sin dudar contestó: “En este lugar se cometió un crimen, en la habitación”.

En la quinta audiencia, el jueves 8 de octubre, el testimonio central fue de una mujer trans, que aseguró conocer a Roberto Daniel Sánchez. La joven relató que en mayo del 2025 tuvo un encuentro con él por un servicio sexual pautado por otra mujer trans. Se encontraron en una plaza en donde las pasó a buscar en una camioneta blanca. El servicio sexual se concretó en la vivienda del acusado, y la testigo afirmó que Sánchez fue agresivo, violento y amenazante con ella y con la otra mujer trans. Relató que no recibió el pago convenido y que se fue del lugar por miedo. También que en la vivienda tanto Sánchez como la mujer consumieron alcohol y drogas.

La testigo declaró de manera anticipada y su testimonio fue exhibido a través de un video, debido a que recibió amenazas en tres oportunidades: dos en la vía pública con frases intimidantes, en una de ellas una pareja la golpeó y agredió verbalmente, y por redes sociales con una foto de un arma de fuego. A pesar de que esto le generó un estado profundo de depresión, en su testimonio la joven afirmó que decidió declarar “por Azul, para que no haya otra Azul, para que seamos escuchadas y protegidas, porque somos seres humanos también”.

 

Por último, para acreditar el estado de vulnerabilidad de la joven declararon una trabajadora social y una psicóloga y entrevistadora forense del Poder Judicial. Sobre el final se presentaron los testimonios de la mujer que le alquilaba el departamento a Azul en el barrio Confluencia y una vecina de Sánchez, que lo definió como una persona “desagradable” y difícil de tratar. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *