Por María Pía Borja.- Camila Elgueta tiene 30 años, es docente en la Escuela N° 309 Kümelen, de la ciudad de Neuquén. Califica a la educación sexual que recibió en su infancia y adolescencia como biologicista o nula. En la primaria, en la Escuela 74 del barrio Bouquet Roldan, iba gente de la salita que estaba a una cuadra con preservativos, afiches y toallitas. El nivel secundario lo hizo en una técnica donde la educación sexual fue inexistente. En su casa sí se conversaba del tema: “Con mis tías, mi mamá y mi prima, éramos muchas mujeres y hablábamos de anticonceptivos, relaciones o maneras de cuidarse pero también desde lo biológico”.
Hoy es referente de Educación Sexual Integral (ESI) en la institución donde trabaja hace tres años. Le resulta un desafío y asume el compromiso con un enfoque antagónico al que creció. El marco integral incorpora conceptos como la afectividad, la violencia y las diferencias como personas.
“Vivimos en una sociedad sumamente violenta, por eso nos hace falta ESI en las escuelas ¿no? para desarmar esos vínculos, que los empezamos a hacer ahí”, explica. “Pero más allá de desarmar esos vínculos, primero hay que poder identificar cómo quiero que me traten, cómo no, cuándo algo me hace sentir mal, cómo lo abordo, porque hay muchos insultos, golpes, que evidencian que no sé cómo responder con la palabra”, agrega.
Cuando realizó su residencia en el Instituto Superior de Formación Docente, la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo no se había sancionado y el debate estaba en agenda. La directora de la escuela donde debían realizar las prácticas les dijo que no podían dar ESI pero su co-formadora les enseñó con el ejemplo. Les mostró cómo dar estos contenidos. “Para que no le tengas miedo”, les dijo. “Fue ella quien me incentivó de alguna manera a querer seguir con esa línea”, recuerda la maestra que hoy da clases de Educación Digital a niños y niñas de cuarto a séptimo grado.
Camila enfatiza reiteradas veces el rol de sus colegas en el ejercicio pedagógico. Si bien nombra la formación docente, las capacitaciones estatales y otros espacios, puntualiza el trabajo con sus pares. “Yo creo que las herramientas para dar ESI vienen de las compañeras más que de la formación en sí”, asegura.
En relación a los cursos, describe: “Los que da la provincia por ahí quedan un poco cortos pero están buenos para que una quiera seguir aprendiendo”. Eligió anotarse a la la Diplomatura de posgrado presencial dirigida a docentes de nivel primario: “Feminismos en la Educación Sexual Integral para la formación docente” -coordinada por la Colectiva Feminista La Revuelta con la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue- desde su rol de referente de ESI pensando en las clases. Confiesa que lo que comenzó como un espacio de formación se volvió algo más. “Vengo los sábados re contenta como algo más personal, vengo al encuentro”, explica entusiasmada.
Lejos de la educación sexual biologicista con la que creció, Camila educa con una mirada integral. “En las escuelas se tiene que dar esta ESI, la ESI en la que podamos preguntar, que se pueda hablar, que se pueda escuchar y que se pueda acompañar”, sintetiza.
El impacto de la ESI en las aulas transforma la vida de las y los estudiantes, la docente relata desde cómo una niña contó que está descubriendo que le gustan las nenas hasta la intervención de un niño que dijo que nadie podía tocar las partes íntimas y ante la pregunta de la maestra respondió que se lo habían hecho y que no le había gustado. “Empezamos a investigar y el niño era abusado por los vecinos que lo cuidaban, entre comillas”, ese fue el punto de partida para la intervención de la institución.
La campaña política del actual presidente Javier Milei estuvo atravesada por un discurso en contra de lo que llamaron “ideología de género” basado en noticias falsas e ideas biologicistas. El ascenso al poder materializó esos conceptos en políticas públicas. Se desfinanciaron los programas de ESI, se eliminaron recursos online de páginas oficiales y se realizaron declaraciones difamatorias dentro y fuera de los marcos institucionales. “Elegimos contenidos no politizados y que se apoyen en la rama biológica. Después en sus casas que las familias les enseñen lo que se le canta, pero el Estado en esas cosas no se mete”, expresaron desde la Secretaría de Educación que depende del Ministerio de Capital Humano en enero del 2025.
La Libertad Avanza no es el único sector del arco político con este tipo de declaraciones. Hace pocos días Clara Muzzio, vicejefa de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, calificó a la ESI como “una trampa mortal”. “Creo que terminó metiéndonos ideas y sobre todo a los chicos en edad muy temprana, con una fuerte ideología de género, con una fuerte destrucción de real información”, dijo la funcionaria en diálogo con el medio MDZ.
Esta realidad se refleja en el aula. “Nosotras este último tiempo lo vimos muy marcado, estuvimos trabajando un proyecto específico de ESI para séptimo grado y salieron familias muy enojadas a reclamarnos porque no estábamos dando Matemática, Sociales o Naturales”, observa. “Entonces tengo los fundamentos para poder decirte por qué quiero dar ESI, por qué tengo que dar ESI y que es un derecho de las infancias que tengan ESI. Se está poniendo en tela de juicio mi trabajo, mis saberes, lo que estamos tratando de llevar adelante con los pibes y las pibas en el aula y ahí se vio re-marcado”, afirma enfáticamente.
Para responder “¿Por qué es necesaria la ESI?”, Camila necesita sólo cuatro palabras: “Para ser libres, básicamente”.
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