Un xawvn-encuentro que construye cuidados, alianzas y resistencias

Por Melina Fit.-

“Se está cumpliendo un sueño, que nos encontremos las mujeres”. “Tenemos que honrar la memoria de nuestras ancestras, por ellas estamos acá”. “Cruzamos la frontera que nos impusieron, de los dos lados de la cordillera somos un solo pueblo”.

Foto: Caro Blumenkranc.

Las frases fueron algunas de las que sonaron en la ronda de presentación del encuentro “Territorio-cuerpo, justicia y cuidados. Fortalecer alianzas en contextos de amenazas”, donde alrededor de 60 participantes contaron un pedacito de su identidad y de su vida. El 13 y 14 de julio Bariloche las recibió con lluvia y el frío del invierno patagónico. Llegaron de distintas zonales de la confederación Mapuche de Neuquén, de lof de Puelmapu y Gulumapu, lof autónomos, de otros pueblos originarios como el Vilela de Santiago del Estero, el Wichí de Salta, el Sotzil de Guatemala y de la Federación Nativa del Río Madre de Dios y Afluentes de Perú. También participaron abogadas, comunicadoras, antropólogas, educadoras, activistas feministas.

El Centro Regional Universitario de Bariloche (CRUB), sede de la Universidad Nacional del Comahue -la primera de Argentina en declararse intercultural-, fue el lugar que alojó el encuentro. En su patio cada jornada comenzó con una ceremonia, bajo la lluvia que acompañó los dos días se ofrendaron semillas e intenciones a la mapu.

 

Las conversaciones se articularon en rondas disparadas por exposiciones sobre distintos temas vinculados a los territorios y amenazas actuales, a las violencias de género, a los cuidados de niños, niñas y adolescencias, y a las alianzas estratégicas. En todo momento las violencias se relataron en simultáneo: las individuales y las colectivas, la discriminación estructural a los pueblos indígenas se entrelazó de manera permanente con situaciones de abuso, de despojo, de abandonos, de violencias patriarcales.

“No son buenos tiempos y no es casual este encuentro. Somos capaces de mucho, estos países fascistas no quieren que las mujeres lideremos los procesos, que seamos voceras. Tenemos que insistir en juntarnos, en sacarnos la colonización impuesta, en despojar el machismo. Construyamos políticas distintas”, alentó Amancay “Manky” Quintriqueo, lonko del lof Kinxikew, cercano a Villa La Angostura. “Venimos construyendo una trama. Traemos temas para debatir que son centrales para el buen vivir-kvme felen. Decidimos politizar el cuidado de la vida. Nos atraviesa el dolor, pero lo transformamos”, remarcó Melisa Cabrapán Duarte, integrante del lof Newen Mapu, de la ciudad de Neuquén.

El agua fue un tema que se presentó como problemática común entre las presentes. Virginia Colipan, del lof Curruhinca en San Martín de los Andes, contó cómo su territorio ha sido afectado por las empresas que explotan el cerro Chapelco como centro de ski. Relató que las nacientes de los ríos están contaminadas porque allí se arrojan líquidos cloacales y desechos como chatarra, óxido y plomo. “Mientras para fabricar nieve artificial se llegan a usar 5 millones de litros de agua, en la comunidad nos cortan el suministro de manera sistemática, a veces por 20 días consecutivos”, relató.

Foto: Caro Blumenkranc.

“No tener agua es violencia no solo desde el aspecto humano sino también desde lo cultural. El agua no es un recurso, es vida. Este turismo es extractivista porque arrasa todo lo que vende: las montañas, los ríos, el agua”, agregó Virginia.

Desde el chaco salteño, Tujuayliya Gea Zamora médica wichí de la comunidad Na’ Nechepa, describió que la falta de agua y la pobreza estructural llevan a tener una de las más altas tasas de desnutrición y mortalidad infantil.

Ana Aquino, del pueblo Sotz´il, de Guatemala, también se refirió al uso del agua de manera extractivista. “Somos reconocidos por la exportación de azúcar, pero en realidad lo que exportamos es agua”, indicó al destacar la cantidad de agua de lluvia y de riego que se utiliza para refinar el azúcar, que es muy superior -por ejemplo- a lo que consumiría la población de manera doméstica durante décadas. 

El despojo, los desalojos, el no reconocimiento de la preexistencia de los pueblos en los territorios es un avasallamiento que atraviesan las comunidades indígenas en toda América, en toda el Abya Yala. “Mi esperanza es que los niños corran en libertad con su identidad clara”, afirmó Betiana Colhuan, la machi, recientemente absuelta junto a otras cinco mujeres del lof Lafken Winkul Mapu por el delito de usurpación en Villa Mascardi, donde fueron violentamente desalojadas y detenidas en octubre de 2022. En 2017, también en un operativo represivo, su primo Rafael Nahuel fue asesinado por la espalda por efectivos de Prefectura Naval.

Desde el Movimiento Campesino de Santiago del Estero, Deolinda Carrizo relató la resistencia que vienen llevando a cabo hace más de 30 años al desmonte, los agrotóxicos, el monocultivo, el extractivismo, y lobby capitalista de las tierras. “Ahí estamos las mujeres, un poco invisibilizadas. Nosotras siempre cuidando, no estábamos reconocidas en eso pero poco a poco se fue cambiando. El sistema capitalista neoliberal, racista, sigue estando, avanzamos en que el tejido diverso, esa trama, se va haciendo cada vez más visible”, remarcó.

Foto: Caro Blumenkranc.

Unelen Cayul, de la zonal Trawunco, en ciudad de Neuquén, trajo los problemas que enfrentan ante el avance del fracking en Vaca Muerta. Nos niegan el derecho al agua, las napas ya están contaminadas, hay cada vez más mujeres enfermas de cáncer y niños que nacen con leucemia. Tenemos que enfrentar a este gobierno de derecha que arrasa con todo. Necesitamos esta unidad para fortalecernos y hablar”, aseguró.

Desde Gulumapu (Chile) Beatriz Chocori Huenullanca relató que han perdido 400.000 hectáreas de territorio ancestral y que mantienen una lucha permanente por la reivindicación del derecho a la tierra. “Quieren terminar con la Ley Indígena (N°19.253), nos están obligando a patentar nuestras semillas. Por eso estamos levantando nuestros propios espacios de educación, fortaleciendo las redes de economía local. Se trata de que como mapuche sigamos existiendo, es nuestra responsabilidad continuar”, sostuvo.

Foto: Caro Blumenkranc.

Un tema que atravesó el encuentro fue la violencia de género dentro de las comunidades y qué hacer para repararla y erradicarla. El dolor de experiencias personales, la confianza de contarlo -algunas por primera vez- en la ronda colectiva, se hilvanó con las demandas de qué hacer frente a situaciones de abusos sexuales, violencias físicas y económicas. Visibilizarlas fue un paso fundamental. Se valoró la importancia de la Educación Sexual Integral y se debatió con profundidad qué herramientas pueden trascender medidas punitivas que realmente reparen y sanen. “Mi tiempo ya no es de callar”, aseveró con firmeza Maky Quintriqueo y Melisa Cabrapán Duarte enumeró cómo en los últimos años comenzaron a nombrarse situaciones silenciadas.

¿Cómo cuidamos a quienes cuidan? Algunas respuestas surgieron en los momentos más íntimos, sentadas en el piso, compartiendo una comida caliente. “Yo me siento cuidada porque me están escuchando”, dijo Deolinda Carrizo. Ruth Zurbriggen de la colectiva feminista La Revuelta, apuntó: “nos cuidamos estando organizadas. Venimos pensando mucho en cómo robarle tiempo al capitalismo para la vida colectiva”.

Hacia el final las conversaciones rondaron en fortalecer las alianzas estratégicas entre comunidades y organizaciones que permitan enfrentar las amenazas neofascistas y neoliberales actuales. “La bronca, la rabia, hay que organizarla”, dijo Virginia Colipan resumiendo el sentir de las presentes. Cecilia Figueroa, werken de la zonal Pewence agregó “es a través de la organización, de la unión, de estar, apoyarnos, no quedarnos solas”.

 

Alejandra Ciriza, filósofa feminista integrante del Colectivo Juicios de Mendoza, aportó que “tenemos que asumir los conflictos como parte de nuestra vida para construir colectivamente. El pasado está en el presente, es lo que nos da fuerza para continuar. Tenemos que tener paciencia política, saber que nos tenemos que esperar, que a veces no nos encontramos”.

Las experiencias marcaron que la resistencia es posible, que lo que salva es el hecho de estar pensando juntas y tejer redes. “Al miedo y al silencio no volvemos nunca más”, fue la frase que circuló como bandera, como sentimiento, como proyecto de esperanza.

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