OLVÍDENSE DE LOS PECHOS

Por Mónica Reynoso.-

“Me veo como una mujer pero pienso como un hombre. A veces soy la única mujer en una sala de reuniones. Entonces digo: olvídense de los pechos y escuchen lo que tengo para decir”.

No sólo era un asunto de pechos descomunales que ella amontonaba en escotes como balcón abierto a la mirada. Era ropa bien apretada y escasa y chillona, brillos, lentejuelas, puntillas, el repertorio del vestir más barroco y estridente bajo una cabellera rubísima y alta y empalagosa como una Copa Melba, ojos verdes imposibles subrayados con kilómetros de pestañas, maquillaje y más maquillaje. Una verdadera muñeca, una dolly real. Así lucía Dolly Parton. Hasta que hablaba.

Una periodista, seria y genuinamente preocupada, le pregunta por qué se vestía de esa manera “extrema”, si era hermosa y no lo necesitaba. Y Dolly: “Decidí que haría algo para llamar la atención. Esto es showbusiness, una broma para ganar dinero y siempre me ha gustado contar chistes. Sé que se burlan de mí pero una vez que superan el shock de verme ridícula verán partes de mí que valen la pena. Soy muy auténtica por dentro, que es lo que cuenta. Nunca me rebajaré a estar a la moda, eso es lo más fácil; no me gusta ser como todos”.

Su extraordinaria vida cesó el martes 25 de agosto en Nashville, llamada la ciudad de la música, cuna del country. En su honor, el Empire State se vistió de rosa, la Guardia Real británica interpretó uno de sus éxitos musicales, Donald Trump decretó una semana de bandera a media asta y gente común, cientos, miles de dollies, la despidieron con desfiles como de Barbie, rosa chicle imperante, profusas melenas doradas, botas tejanas blancas, carrozas llenas de flores, mariposas de fantasía y la alegría de haberla tenido y de haberla querido tanto.

Dolly Parton compuso más de 3.000 canciones (sí, 3.000), obtuvo once premios Grammy, vendió más de cien millones de discos, actuó en cine y televisión y creó y financió obras de filantropía a través de la Dollywood Foundation. La más original y de huella más honda para varias generaciones de niñas y niños angloparlantes, la Biblioteca de la Imaginación (Imagination Library). Es un programa que desde 1995 distribuyó 332 millones de libros de alta calidad, tapa dura, temas diversos, que llegan mes por mes a la puerta del pequeño destinatario, desde recién nacido hasta los cinco años, en un sobre etiquetado a su nombre. Cumplidos los cinco años, prontos a empezar la escuela, quienes recibieron ese libro cada mes reciben una carta de Dolly. Queridos graduados de la Imagination Library, empieza. Les habla de cómo vuela el tiempo, les recuerda cuando empezaron a conocer historias en los libros, les pide que sigan leyendo, que visiten las bibliotecas de la escuela y los invita a seguir las lecciones que aprendió de sus padres: “Soñá en grande, aprendé todo lo que puedas y cuidá a quienes te cuidan. Sos increíble. Siempre te amaré”. La Imagination Library fue una obra pensada en homenaje a su padre, que no pudo aprender a leer. La familia de Dolly era de catorce miembros, todos en una habitación, sin agua corriente ni electricidad.

Su obra benéfica se orientó en reparar esas faltas de la infancia. Le importó la educación y dio oportunidades para estudiar y superarse en una sociedad mercantilizada al extremo. Por su fama y prestigio, la Dollywood Foundation otorgó becas a estudiantes, creó un santuario para águilas, subsidió programas para jóvenes trabajadores, recaudó millones para sostener centros médicos, programas de salud femenina e infantil, ayuda a víctimas de incendios, inundaciones y otras catástrofes terrestres, además de financiar investigaciones científicas como una dedicada a la vacuna del covid. Dolly Parton bien pudo ser una multimillonaria más, como muchos artistas exitosos en Estados Unidos, pero no acumuló ni invirtió en la Bolsa; hizo fructificar su fortuna en obras de humanidad y ternura.

A cargo de una feminidad “extrema” que confeccionó a mano, lentejuela por lentejuela, y de una condición de mujer que enalteció a su manera, entendió la solidaridad de clase y de género a su modo también. Quedó para siempre expresada en la canción country más difundida después de su partida, 9 to 5. La letra habla de la vida oficinesca de una mujer en ocho horas de trabajo: “9 a 5… Qué forma de ganarse la vida/ apenas alcanza para sobrevivir/ todo es exigir y no dar nada/ …no sos más que un peldaño en la escalera del jefe/…es un juego de hombres ricos/ …y vos te pasás la vida llenándoles los bolsillos”. La canción fue serie de televisión; la serie, película, llamada también Cómo eliminar a su jefe. Con DP, Jane Fonda y Lily Tomlin, se describe así: “Tres secretarias de una importante empresa trabajan con un jefe especialmente machista y déspota. Las mujeres planean cómo eliminarlo”.

 

SIEMPRE TE AMARÉ

Su legado artístico quedó para Miley Cyrus, que refrescó otro tema exitoso de Dolly, Jolene, y con quien compartió escenas de Hannah Montana y varios conciertos. En una de sus últimas presentaciones compartidas, tomadas de la cintura, mirándose profundamente a los ojos, se dicen cuánto se aman mientras cantan I will always love you (Siempre te amaré). Hay todo un señor mito a propósito de este himno de amor que hizo famoso Whitney Houston en la película El guardaespaldas. Unos veinte años antes, en 1973, Elvis Presley quiso grabarlo y Dolly se sintió muy honrada pues admiraba a Elvis. Obviamente, aceptó la propuesta. Pero un día antes de la grabación, Dolly recibe una llamada del representante de Presley para decirle que los derechos de la nueva versión deberían repartirse fifty/fifty. Ella dijo no, claramente no. “Dije: ‘Lo siento mucho’, y lloré toda la noche”. Dolly empresaria se impuso a Dolly sentimental, que adoraba la idea de su canción en la voz de Elvis. La canción fue compuesta para cortar una relación profesional que la ahogaba. Desde 1967, Porter Wagoner conducía un show de música country muy popular en la televisión. Invitó a sumarse a Dolly y juntos fueron una bomba. Hasta que ella decidió que quería seguir su propia carrera. Wagoner se opuso en forma tajante, entonces ella escribió I Will always… y se lo dedicó. “Lo escribí para decir: me voy pero te amo, aprecio todo lo que hiciste por mí, espero que entiendas lo que siento”. El mito dice que él entendió, se conmovió, ella se fue.

Sin pausa se precipitan en las redes preciosos videos con muestras del cariño y el respeto que inspira esta mujer increíble. No hay dolor en los que suben sus historias: el engarce de sus vidas con la de la mujer que para elegir su apariencia dice haberse inspirado en las prostitutas de su pequeño pueblo, Pittman Center, Tennessee. Las veía superglamorosas. ¿Pensaste alguna vez en si hubieras nacido hombre?, le preguntan. “No, dios. Nunca lo deseé pero si hubiera nacido hombre sería una dragqueen”, dice y suelta esa carcajada ronca y graciosa que repartió por donde anduvo, para felicidad de todos.

Su nombre aparece en los créditos de la película Priscilla, de Sofia Coppola. Basada en el libro Elvis y yo, de la propia Priscilla Presley, cuenta la relación de ella y El Rey, un tipo bastante difícil de tratar en casa. Priscilla es casi una niña cuando empieza su vínculo con él, lo ama y lo soporta unos cuantos años, hasta que un día se cansa y dice basta. Arma sus valijas, sube a su coche descapotado y abandona Graceland. Tan hermosa escena: el auto que se aleja con Priscilla al volante, a su aire al fin, y para más belleza, suena I Will always love you en la voz delicada de Dolly Parton, la única, la Ella irrepetible. La One de verdad. Otra maravilla de Sofia Coppola para recordar hasta el fin de los días. Vos, sentadita entre pocos en el cine, sólo podés llorar de gratitud y asombro.

El mito de la canción cierra con un detalle a la altura. Elvis y Priscilla salen del juzgado; acaban de formalizar su divorcio. Bajando las escaleras del juzgado, Elvis finalmente canta I Will always love you. Se lo susurra a Priscilla, que se emociona. Priscilla se lo contó a Dolly, Dolly se lo contó a la BBC.

Fin, en finos pero vistosos caracteres color rosa. Y dorado.

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